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EUROKRISIS

Occidente, cómplice del terrorismo islamista

Occidente, cómplice del terrorismo islamista

El converso Allam acusa: Occidente, cómplice del terrorismo islamista

En la presentación de su libro Vencer el miedo, el periodista egipcio afirmó que es posible el diálogo con los musulmanes, pero no con el islam.

Santiago Mata

EL terrorismo islámico nunca habría llegado a tener el poder que tiene hoy sin la complicidad de occidente”, afirmó ayer el periodista egipcio Magdi Allam, al presentar su libro Vencer el Miedo. Mi vida contra el terrorismo islámico y las inconsciencias de Occidente. El autor, que durante la pasada vigilia pascual fue bautizado por Benedicto XVI, intervino por videoconferencia en el acto organizado por Ediciones Encuentro en la Universidad San Pablo-CEU, ya que un malentendido entre los ministerios de Exteriores e Interior le impidió viajar a Madrid. Exteriores afirma haber trasladado los requisitos de seguridad del viaje de Allam, presentados por la Embajada Italiana, al Ministerio del Interior, y éste dice haber entendido que no tenía que encargarse de la seguridad porque venía ya organizada desde Italia.

El problema es el miedo

El que desde hace un lustro es subdirector del Corriere della Sera, aseguró que lleva 30 años ocupándose “de los problemas de Oriente Medio y del islam, de los inmigrantes en Italia y en toda Europa”, lo que le ha permitido identificar dos grandes problemas. “El primero, el más manifiesto es la amenaza del extremismo y del terrorismo islámico. El segundo, que se considera secundario, desde mi punto de vista es el principal: la pasividad, el miedo, la irresponsabilidad, y también una colisión ideológica de los que, compartiendo el antiamericanismo y la hostilidad con prejuicios hacia Israel, o el odio hacia la misma civilización occidental, que tiene en su raíz religiosa y cultural judeocristiana su punto de referencia más seguro, acaban de hecho por favorecer y consolidar el extremismo y el terrorismo islámico”.

“En la base de esta situación tan conflictiva en que vivimos —continuó el recién converso— está la ignorancia de la realidad del islam, que ha hecho que Europa lo imagine como automáticamente asimilable. El gestor de una mezquita, el imán, es únicamente un funcionario religioso, pero no es una autoridad religiosa. El resultado de esto es que Europa ha creado el equivalente islámico a un sacerdote, atribuyéndole una autoridad religiosa, aunque de hecho en el islam no la tiene”.

Imanes “encantados”

Para Allam, los imanes europeos, “encantados de haber sido ascendidos a autoridad religiosa, se autoatribuyen tareas que acaban por hacer que la gente imagine que son el equivalente islámico al obispo de una gran ciudad. Tampoco desde el punto de vista democrático son una autoridad, porque se han autoelegido. Este conjunto de equívocos ha acabado por transformar a Europa en una fortaleza del extremismo islámico”.

“La enfermedad ideológica del multiculturalismo —dijo el periodista egipcio—, que imaginó que bastaba con dar libertad a todos para que esta libertad sea patrimonio de la colectividad, ha creado la realidad de la comunidad islámica, imaginando que las personas que provienen de países de mayoría musulmana, en el momento en que residen en el mismo espacio físico, forman una comunidad. A esta comunidad se le han concedido libertades y derechos. El resultado ha sido que existen ciudades con barrios que tienen una connotación confesional, porque un conjunto de personas se autoatribuyen una identidad islámica, y la conciben como contrapuesta a la identidad nacional”.

Del gueto al terrorismo

Según Magdi Allam, “donde este proceso se ha acelerado, el gueto islámico ha terminado por crear conflictos, y los conflictos han estallado en violencia.

Este hecho es la consecuencia de una serie de errores consistentes en perder nuestros valores propios como punto de referencia. Hemos traicionado una identidad colectiva y se ha permitido que la sociedad se disgregara desde dentro. Si queremos invertir esta tendencia, antes de preocuparnos de los extremistas y de los terroristas islámicos tenemos que ocuparnos de la ignorancia, del miedo y de la corrupción ideológica que existe en Occidente”.

Para el autor, “el islam no es compatible con los derechos fundamentales de la persona ni con los valores absolutos y universales que están en la base de la civilización humana”. Pero es posible el diálogo con “los musulmanes como personas, porque la persona no es el producto automático de los dogmas de fe”; partiendo de “reglas que incluyen en primer lugar la fe en la sacralidad de la vida desde su concepción hasta su muerte natural”.

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