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EUROKRISIS

Hay que tomar nota de los australianos. Bien hecho chicos!!!

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Sydney Morning Herald: "Histeria antimusulmana en Camden" - Una localidad australiana veta abierta y explícitamente la presencia de "cabezas de trapo" en su término

02.06.08 • 02:06 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Imagine un mapa del mundo. Cada vez con mayor frecuencia usted vería brillar los chispazos de los conflictos y enfrentamientos surgidos entre las comunidades locales y las inmigrantes musulmanas, ya sean recién llegadas, o en segundas o terceras generaciones, que, a ese efecto, tanto da. Pero el chispazo prendido el martes pasado en la localidad de Camden, en las afueras de Sydney, ha brillado con un fulgor muy superior al tamaño de la simple disputa planteada. Son muchos los lugares en Europa, América del Norte y Australia donde los residentes se oponen a la instalación de un colegio musulmán o de una mezquita en sus barrios o ciudades. Sin embargo, esta vez, en lugar de evanescentes razones urbanísticas, el veto es directo: “No queremos musulmanes en Camden. En realidad, no los queremos en Australia”. En el terreno previsto para el centro, dos cabezas de cerdo clavadas en sendas estacas sujetando una bandera australiana se convirtieron en el inusitado y contundente estandarte de la revuelta.

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La prensa local de Camden habla de “furia” en las alegaciones presentadas por los ciudadanos contra la construcción de una escuela islámica prevista para 1.500 alumnos. “No faltaba más. Construyan otra escuela. Pero no una que sea sólo musulmana”, decía uno de los ciudadanos. Era el más moderado. “¿Cuál es la razón para una escuela musulmana en Camden? Nosotros los odiamos y ellos nos odian a nosotros”, escribía otro. Uno más allá se quejaba de cómo se iba a exacerbar el racismo, pero el de los musulmanes contra los no musulmanes: “Los descendientes de musulmanes y los relacionados con ellos no tienen respeto por otras culturas. No queremos pasar por que no podemos salir por la noche debido a las peleas en los pubs, atracos, violaciones, robos y carreras de coches”. “Los musulmanes ni son bienvenidos aquí, ni en ninguna parte de Australia”; “¿Vienen los musulmanes a Australia para ser australianos? No, vienen como tropas avanzadas de una eventual ocupación”; “Primero un colegio musulmán, después una mezquita, seguido por un hospital musulmán, un complejo comercial para musulmanes, y, sin olvidar, el parlamentario musulmán. No nos oponemos a una escuela no musulmana en Burragorang Road”. Estos son algunos de los mensajes remitidos al consejo municipal, resumidos en otro con una contundente exigencia: “Ni un colegio musulmán aquí, ni nada relacionado con los musulmanes. Mandadles de vuelta a su casa”.

"Histeria antimusulmana"

Invocando cómodos títulos literarios, la prensa australiana de referencia, como el Sydney Morning Herald, se centraba en el “orgullo y prejuicio a la manera australiana” estallados en Camden, pero inmediatamente abandonaba la retórica de titular fácil para meterse a fondo en lo que está emergiendo tras el simple conflicto por la instalación de un colegio: “La histeria antimusulmana ha levantado el espectro de los disturbios de Cronulla y ha creado un nuevo portaestandarte para una Australia más blanca y más cristiana”. Se refería el diario a los violentos enfrentamientos ocurridos a finales de 2005, cuando miles de jóvenes australianos blancos, convocados por mensajes de teléfono móvil, se enfrentaron violentamente a, fundamentalmente, descendientes de inmigrantes libaneses musulmanes, en un conflicto que estalló en las playas de Cronulla, también en Sydney, después de que los primeros se rebelaran contra el acoso a sus jóvenes amigas tras mucho rencor acumulado durante años por la inseguridad y la delincuencia provocada por los segundos (ND 1 y 2).

Desde entonces, a la tensión de la extremadamente difícil convivencia entre ambas comunidades de, principalmente, Sydney y Melbourne, las ciudades donde se agrupan la mayor parte de los 400.000 musulmanes residentes en un país de 21 millones de habitantes, se unieron graves declaraciones, provocaciones y bravatas de algunos líderes e imanes musulmanes contra la comunidad general australiana no musulmana. Entre estos destacó muy notablemente el propio muftí del país, Sheij Taj al-Hilali, el hombre que declaró a las mujeres "el arma de Satanás", justificó las violaciones de las no cubiertas con el velo porque son como “carne” dejada sin protección a la libre disposición de los animales (ND), y el hombre que reclamó el país para los musulmanes porque estos “llegaron con su propio billete de avión” mientras los ‘anglos’ llegaron como “convictos encadenados” (ND).

"Patearemos el culo de los 'cabezas de trapo'"

A última hora de la tarde del martes pasado, el consejo municipal de Camden rechazaba por unanimidad el permiso para la construcción de un colegio en su término, una iniciativa de la Sociedad Coránica australiana. Los ánimos estaban muy, muy caldeados. Para empezar, de las 3083 alegaciones remitidas en el periodo de información del proyecto, 3042 lo rechazaban en unos términos expresados a cara de perro, pero no contra el centro, sino contra su calidad de islámico, así como contra la simple y mera presencia de musulmanes en la zona. Los regidores, de cara a la galería, fundamentaron el rechazo del proyecto en las habituales razones urbanísticas, en este caso basadas en la inadecuación de las carreteras o en la falta de autobuses para digerir el previsiblemente intenso tráfico de trabajadores, padres y alumnos. Pero en ese momento, toda Australia -y, horas más tarde, medio mundo- sabía ya de qué iba la cosa en realidad en Camden. “Si aprueban el colegio, todo ‘ragger’ que camine por la calle va a ser pateado en el culo por treinta ‘aussies’”, decía precisamente un ‘aussie’, un australiano, en referencia a los ‘ragheads’, algo así como los ‘cabezas de trapo’, el muy despectivo calificativo que se coloca a los musulmanes en poco respetuosa referencia a sus turbantes.

Pero estas declaraciones no eran el producto de una conversación de pub entre parroquianos. Eran emitidas nada menos que por la radio pública australiana en medio de un apocalipsis de furia ciudadana en el que los más moderados lamentaban que sus hijos no puedan ir a un centro musulmán en el que se enseña el islam y se educa en árabe, y los más exaltados afirmaban su derecho al patriotismo para defender no sólo a su ciudad de la “delincuencia y todo lo demás” que llevarían los extranjeros a una localidad tan tranquila como aquella, sino también para afirmar su derecho “a decir que somos australianos y que estamos orgullosos de ello”. En medio, la inusitada estampa para un lugar tan tranquilo de más de un millar de policías antidisturbios a caballo tomando posiciones alrededor del ayuntamiento donde se habían concentrado también algunos partidarios del colegio, y una tensión que iba en aumento ante las pocas amables descripciones de los residentes de la localidad como un montón de “paletos” radicales e incultos.

"Una victoria para el racismo"

Pero, obviamente, las organizaciones musulmanes también tenían algo que decir. Una de ellas, la representativa Forum de Australia para las Relaciones Islámicas (FAIR) hablaba claro contra la “cortina de humo” de las excusas dadas por los dirigentes locales para vetar el proyecto y concluía que se trataba de una “victoria para el racismo”. Pero, junto a las acusaciones de “racismo”, habituales en cualquier contrariedad relacionada con la comunidad musulmana -sea cual sea la raza de sus practicantes, incluyendo la blanca- , la Federación Australiana de Consejos Islámicos utilizaba de la misma forma otra carta no menos habitual: la del miedo y la velada amenaza. Si no se autorizaba el colegio para la educación religiosa de sus niños, esta será impartida por “imanes extremistas” en “patios y garajes” donde nadie “pueda saber” qué se dice y qué se enseña. El círculo se cerraba. Muchos veían en estas palabras la confirmación de la peligrosidad de esa comunidad, insoluble en los valores generales australianos, con o sin imanes extremistas, blandidos como una amenaza que, en realidad, ya bulle en los órganos de representación islámicos, pero, sobre todo, en el interior de los incendiarios sermones de las mezquitas que sólo alguna vez pudo ser grabado y difundido por los medios de comunicación.

Un programa de humor del canal televisivo SBS, realizado por árabes y musulmanes en una cadena que se promociona como “la única del mundo multicultural y plurilingüe” (emite en 68 idiomas), enviaba a uno de sus conocidos pero provocadores personajes caracterizado de musulmán barbado y declaraba a Camden “un estado musulmán, Islamden”, por lo que exigía “diez escuelas, diez mezquitas y diez carnicerías halal”. Regresó sin el más mínimo contratiempo en medio de las chanzas y burlas de los conductores árabes del programa, con sus compañeras cubiertas por el velo islámico riendo las gracias.

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