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EUROKRISIS

Rusia 10 millones de inmigrantes ilegales

Rusia 10 millones de inmigrantes ilegales

Rusia 10 millones de inmigrantes ilegales.

Rusia, el país más grande del planeta, cuyo perímetro fronterizo tiene una longitud de 60.900 kilómetros, es un auténtico coladero de inmigrantes ilegales. Proceden fundamentalmente de Asia y su abundante presencia está haciendo repuntar la xenofobia entre la población local. Según Konstantín Romadanovski, director del Servicio Federal de Inmigración, «Rusia ha pasado a ocupar el segundo lugar en el mundo en número de inmigrantes, después de EE.UU.». La cifra actual se sitúa en 20 millones de extranjeros, la mitad «sin papeles».

El flujo migratorio hacia Rusia comenzó tras la desintegración de la URSS, hace quince años, y se ha intensificado desde el comienzo del milenio. «Las draconianas leyes que rigen en Rusia en materia de inmigración, lejos de contribuir a regular el fenómeno, lo que han hecho ha sido agravarlo», estima Dmitri Polikánov, experto del centro sociológico ruso VTSIOM . Y es que la enorme dificultad para lograr los permisos de residencia y el largo camino hasta obtenerlos pone a los inmigrantes a tiro de la corrupción de policías y funcionarios sin escrúpulos. Al final, los «sin papeles» prefieren esconderse y eludir los obligatorios controles impuestos por el Ministerio del Interior. Eso hace que sea imposible establecer el número exacto de inmigrantes. 20 millones es la cifra repetida a nivel oficial en un país cuya población total es de 142 millones de habitantes.

Un negocio criminal


En tales circunstancias, los que hacen su agosto son los grupos mafiosos. Los «servicios» que se ofrecen clandestinamente van desde la falsificación de visados, pasaportes y permisos de residencia hasta la ayuda para encontrar empleo o un lugar en donde dormir. Esos grupos criminales conocen también los tramos de frontera más permeables o los puestos con oficiales más proclives a caer en la tentación de los sobornos. Entre los extranjeros con permiso de trabajo predominan los procedentes de las antiguas repúblicas soviéticas: tayikos, uzbekos, kazajos, kirguises, georgianos, armenios y azerbayanos. Todos esos grupos étnicos, además de ucranianos, bielorrusos y moldavos, están bien representados en el conjunto de la sociedad rusa, ya que, tras la desintegración de la URSS, era sencillo adquirir la nacionalidad. Las facilidades se acabaron a finales de los 90,
aunque a los ciudadanos de los países vecinos que mantienen vivo su conocimiento de la lengua rusa les es menos complicado obtener un permiso de residencia. Eso sí, hay que tener dinero para «untar» a quien corresponda.

Los ilegales proceden de China, Afganistán, Pakistán y otros países asiáticos. Hay también ex soviéticos sin papeles, tayikos y uzbekos sobre todo. Hasta algún que otro africano ha logrado penetrar en Rusia. La principal puerta de acceso es Asia Central debido a que Rusia no ha logrado todavía poner al día las instalaciones necesarias para cerrar su frontera con Kazajstán, la más grande del mundo con una longitud total de 6.846 kilómetros. Esa inmensa línea de demarcación, inexistente en la época soviética salvo en los mapas, tiene más agujeros que un colador. Los chinos entran también desde Mongolia burlando la vigilancia en la frontera del río Amur.
Una vez en territorio ruso, la mayoría se dirige a Moscú o San Petersburgo para trabajar en la construcción, fundamentalmente. «El problema sería menor si los inmigrantes se instalaran en zonas poco pobladas de Siberia o Extremo Oriente, pero prefieren las grandes ciudades del sur y del oeste de Rusia, atestadas ya de extranjeros», señala Vitali Kramnskói, responsable del servicio de inmigración moscovita. Otros muchos ilegales utilizan Rusia como cabeza de puente para llegar a la Unión Europea. A cambio de un módico
precio, las mafias les esconden en contenedores que llegan al viejo continente en barcos o camiones.

Rusia estrena el año que viene una nueva legislación para tratar de poner la situación bajo control. El defensor del pueblo ruso, Vladímir Lukin, sostiene que los trámites para conseguir permisos de trabajo y de residencia se agilizarán y serán más sencillos. «Se trata de cortar las alas a la corrupción y a los traficantes», asegura Lukin. El defensor ruso de los derechos humanos sugiere, además, legalizar a todos los «sin papeles» que hay actualmente en Rusia antes que entre en vigor la nueva normativa sobre inmigración. Pero la propuesta no ha sido bien acogida. El ciudadano de a pie cree que tal medida haría aumentar aún más la avalancha de ilegales.

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