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EUROKRISIS

Natalidad

¡ASISTE AL HUNDIMIENTO DE OCCIDENTE!

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"El suicidio demográfico de Europa" 

5 Julio 2007

Holocausto demográfico

MASSIMO INTROVIGNE  Las verdades del barquero

El suicidio demográfico de Europa

El declive de la población europea parece irreversible. Dentro de cincuenta años viviremos en la feliz Eurabia. Con las actuales tasas de natalidad, Italia, Francia, España, Holanda y Alemania van a perder la mitad de su población en el curso de una generación. Los “bárbaros” no tendrán ninguna necesidad de combatir. Este suicidio demográfico de Europa lo acaba de denunciar con muy vivos colores el canadiense Mark Steyn en su libro América está sola: el fin del mundo como lo conocemos (Regnery, Washington). El semanario italiano Il Domenicale le dedicaba una aguda recensión en la pluma de Massimo Introvigne. A muchos les dolerá oír estas cosas. Por eso las traemos a Elmanifiesto.com.MASSIMO INTROVIGNEEl gran historiador Arnold J. Toynbee (1889-1975) decía que sobre la muerte de una civilización se escriben pocos libros de intriga, y ello por una buena razón. Muy excepcionalmente hay un asesino: por lo general, se trata de suicidio. América se ve abocada a “quedarse sola” en la lucha contra el ultrafundamentalismo islámico, no –o no sólo– porque la mayoría de los gobernantes europeos sea pávida y débil frente al islam. Quedará sola técnicamente, porque dentro de menos de un siglo ya no habrá europeos. La demografía los habrá barrido como barrió al imperio romano, el cual no cayó porque sus cuadradas legiones se hubieran vuelto menos cuadradas, sino porque la práctica extendida del aborto y del infanticidio había hecho posible que ya no hubiera más legionarios. Se reclutaba a bárbaros, incluso proclamándolos, sin comerlo ni beberlo, ciudadanos romanos. Cuando los bárbaros se dieron cuenta de que eran mayoría, tomaron el poder. Esta es la tesis del analista político neoconservador canadiense Mark Steyn, en su magnífico libro America Alone: The End of the World as We Know it (Regnery, Washington 2006), uno de los libros más importantes de los últimos años, que debe interesar a todos los que se tomen en serio los destinos de Europa.Nos extinguimos El tema del libro es el mismo que el Papa Juan Pablo II llamaba ya en 1985, con expresión destinada a pasar a la historia, el “suicidio demográfico” de nuestro continente. En todas las partes del mundo, aquello que asombra a los no europeos es que en Europa este tema dramático no esté en el centro del debate cultural e incluso en las campañas electorales. Ningún país de Europa Occidental tiene una tasa de nacimientos por mujer que corresponda al nivel mínimo de mantenimiento de la población (2,1 hijos por mujer) indicado por los demógrafos. Italia con una tasa de 1,2 se dirige a convertirse en el país del mundo con el menor número de nacimientos, y ya lo sería si de los nacimientos registrados en los hospitales se excluyeran los hijos de inmigrantes residentes pero no ciudadanos italianos. España y Alemania compiten con Italia en este triste liderazgo. Francia ha aumentado su nivel a 1,7, pero sus datos serían similares a los italianos si se excluyeran los nacidos de mujeres –inmigradas o ciudadanas francesas– de religión musulmana. Italia, Alemania, España y Países Bajos (en este último, también, hijos de ciudadanos de religión musulmana excluidos) están por debajo del nivel en el que, según los demógrafos, es aún posible un cambio de tendencia. Esto significa que países como Italia, si la situación no cambia, reducirán a la mitad su población en el transcurso de una generación.Cierto, las estadísticas podrán verse alteradas concediendo la ciudadanía a un alto número de inmigrantes residentes: parece ser ésta la línea del gobierno presidido por Romano Prodi [y del gobierno Zapatero también], pero se trata de un juego de naipes que, como recuerda Steyn, ya fue intentado con consecuencias desastrosas por el imperio romano. Transformar a los “bárbaros” (palabra que no era ofensiva y que indicaba originalmente sólo a aquéllos que no hablaban latín) en ciudadanos por ley no los convertía en romanos culturalmente, del mismo modo que transformar a los inmigrantes musulmanes o chinos en ciudadanos europeos por decreto no significará hacerlos europeos por cultura y por integración. Alemania perderá el equivalente de la población de Alemania del Este en medio siglo. España, en el mismo periodo, el equivalente al 25% de su actual población autóctona. Entre tantas estadísticas, llama la atención una ya citada del teólogo católico estadounidense George Weigel y retomada por Steyn, según la cual en el 2050 Italia será un país “sin tías”: ya ahora la mayoría de los niños italianos son hijos únicos, pero dentro de menos de cuarenta años también los adultos serán al 60% hijos únicos de hijos únicos, personas que jamás habrán tenido la experiencia de un hermano o hermana y, por tanto, de un tío o de una tía.Del suicidio demográfico se ocupan poco los moralistas, pero mucho los economistas; en particular, los especializados en pensiones. De hecho, en Europa Occidental, a pesar de que todos los Estados tratan de retrasar la edad de jubilación, crece inexorablemente el número de los jubilados, y en varias regiones cada trabajador debe ya soportar la carga de dos jubilados. Algún entusiasta del “modelo europeo” piensa –aunque pocos tienen el valor de decirlo– que la eutanasia a la holandesa permitirá librarse de los mayores inútiles y así solucionar el problema. Otros entregan cifras, pero no sacan conclusiones. El rechazo de la clase política de muchas naciones europeas a recurrir a las drásticas reformas de pensiones sugeridas por las instituciones financieras internacionales parece no derivar tanto de la compasión hacia los jubilados –o del deseo de no perder sus votos, visto que pronto serán la mayoría de los electores– como de algo mucho más deplorable: la tendencia a esconder la cabeza en la arena frente a la dramática urgencia del problema demográfico. Como recuerda Steyn, el suicidio demográfico es también el suicidio de la socialdemocracia europea.Eurabia No hay ninguna garantía de que las civilizaciones duren para siempre. Su manera normal de morir es precisamente demográfica. No es necesario citar a los fundamentalistas islámicos, para quienes “quien ríe el último, ríe mejor”, y que piensan que la invasión musulmana detenida con las armas en Poitiers, Lepanto y Viena triunfará en el siglo XXI por vía demográfica, para darse cuenta de que la civilización europea corre el riesgo de acabar como la romana. En el plazo de un par de décadas, por ejemplo, “la mayoría de los adolescentes en los Países Bajos estará constituida por musulmanes”. Veinte años después, se tratará de la mayoría de los adultos en edad laboral (o incluso de la población en general, si los holandeses prosiguen extendiendo cada dos años la ley sobre la eutanasia incluyendo nuevos casos); pocos años después, serán la mayoría de los electores.Naturalmente, hay quien defiende que esta Eurabia (la expresión se ha hecho popular gracias a Oriana Fallaci, pero la ha acuñado el historiador británico Niall Ferguson) será preciosa. Cuando en 1998 la selección de fútbol francesa ganó los Mundiales alineando una mayoría de jugadores que no habían nacido en Francia, la superioridad de la civilización francesa multiétnica y multirreligiosa fue sabiamente explicada en televisión no sólo por un buen número de intelectuales franceses, sino también por Walter Veltroni, el alcalde de Roma, ex-comunista y exponente destacado de la Izquierda Democrática. El adjetivo “multirreligiosa” no era para nada redundante respecto de “multiétnica”. También la selección brasileña, que perdió la final de aquél Mundial, era evidentemente multiétnica. Pero no era multirreligiosa: los jugadores eran todos cristianos y tenían el mal gusto, en la Francia de la laïcité, de rezar colectiva y públicamente y de salir al campo santiguándose. Algunos años después, la revuelta de las periferias parisinas del 2005 ha hecho añicos aquel bonito sueño de utopía multirreligiosa armónica y feliz. “[...] Una Europa Occidental de mayoría musulmana constituiría, muy sencillamente, una civilización distinta de la europea que hoy conocemos. Se puede discutir si será bonita o fea, pero, en todo caso, ya no será la misma. Como escribe Steyn: “Es la demografía, estúpidos, la única cuestión importante. Europa a finales de siglo será como un continente después de una bomba de neutrones. Los grandes edificios seguirán en su lugar, pero las personas que los han construido se habrán marchado para siempre”.

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Una imagen vale más que mil palabras

Una imagen vale más que mil palabras

Sustitución de población: una imagen vale más que mil palabras

23 Julio 2007

NOTICIA TOMADA DE EURABIAN NEWS

Tómense un minuto para mirar esta foto y reflexionar sobre lo que significa:¿Saben quiénes son estas mujeres? Son las recientes ganadoras de la Medalla de la Familia "Francesa", es decir, las mujeres francesas que más hijos han tenido. ¿Hay algo en esa foto que les llame especialmente la atención? Sí, efectivamente. Han visto bien. Seis de las siete son musulmanas (y cinco ni siquiera se atreven a quitarse su símbolo de humillación obligatorio). Francesas de conveniencia que sólo lo son a la hora de cobrar ayudas sociales mientras lloriquean contra el malvado Occidente.Y ahora piensen en lo "francesa" y fiable que va ser Francia -potencia nuclear- de aquí a dos o tres décadas más. Los adultos de dentro de treinta años son los bebés que nacen hoy y en Europa sólo los inmigrantes, y muy especialmente los musulmanes, tienen hijos. Eso es a lo que en demografía se llama sustitución de población . Una sustitución de población financiada con impuestos de la población autóctona .

¿Y si Rusia desaparece?

¿Y si Rusia desaparece?

¿Y si Rusia desaparece?

20 Septiembre 2006

Holocausto demográfico

Un colaborador nos envía este interesante artículo acerca del aporte ruso al desastre demográfico global. Creemos que resulta muy ilustrativo. Especialmente recomendado para aquellos que aun consideran nuestras posturas como 'alarmistas'.

¿Y SI RUSIA DESAPARECE?

En los últimos diez años han desaparecido 11.000 pueblos y 290 ciudades, y en el norte del país la población se ha reducido un 40%.

En estos últimos tiempos Rusia ha sido muy activa en política exterior. Ha resurgido como uno de los principales actores de la política europea, en calidad de principal proveedor de gas y petróleo. Ha intentado ejercer presión en Oriente Medio y restablecer su posición preeminente respecto de Ucrania, Georgia, Moldavia y otras zonas del ex imperio soviético. El mes próximo recibirá la reunión anual de las principales potencias industriales, el G-8. No debe sorprendernos demasiado. La desintegración de la Unión Soviética, ocurrida hace quince años, fue un gran trauma, y el deseo de Moscú de recuperar al menos una parte de la influencia y el poder perdidos es, en cierto modo, natural. Para este esfuerzo el Kremlin cuenta con algunas cartas fuertes no sólo como proveedor de energía, puesto que a medida que los yacimientos petrolíferos del mar del Norte se vayan agotando, su posición se verá todavía más reforzada, sino también como poseedora de un considerable arsenal de armas nucleares y otras similares. Sin embargo, debe enfrentarse a una debilidad gravísima: la población de Rusia se reduce más deprisa que la de ningún otro país, exceptuando Ucrania. Según los pronósticos de la ONU, a mediados de este siglo, la población de Yemen habrá superado a la de Rusia (1).

Tal vez se trate de una exageración, pero existen otros dos factores indudables: la población no sólo se reduce, sino que su composición cambia rápidamente. Entre un 12% y un 18% de los habitantes de Rusia son musulmanes (se desconocen las cifras exactas) y su tasa de natalidad es alta. A mediados de este siglo, por lo menos uno de cada cuatro rusos será musulmán y ya comienzan a plantear sus reivindicaciones políticas. Se concentran en el Cáucaso y en la región del Volga, y en Moscú hay mayor número de azerbaiyanos que en Bakú.

Por otra parte, mientras el Gran Moscú va creciendo a toda velocidad gracias a que allí las condiciones de vida y de trabajo, así como los ingresos, son mucho mejores que en el resto del país, hay grandes zonas que se van despoblando. En los últimos diez años han desaparecido unos 11.000 pueblos y 290 ciudades y es probable que en los años venideros otros 10.000 pueblos acaben igual. En ese mismo periodo, en el extremo oriental del país desapareció aproximadamente un tercio de la población, mientras que en el norte la merma alcanza alrededor del 40%. La población de Siberia disminuye rápidamente, y no tardará en llegar el momento en que entre los Urales y el océano Pacífico queden apenas unos pocos millones de habitantes. Se trata de regiones inhóspitas, siempre fue difícil conseguir que la gente viviera allí. Pero disponen de abundancia de minerales, y si los rusos se marchan, lo más probable es que otros ocupen su lugar.

Resulta interesante comprobar que las autoridades rusas han tomado conciencia hace relativamente poco del desastre demográfico que se avecina (2). Quizá el motivo principal radique en que el Gobierno se encuentra en Moscú y que la ciudad ha crecido a pasos agigantados.

El Gran Moscú se ha convertido en una de las mayores conurbaciones del mundo, y al mismo tiempo, en un embotellamiento gigantesco. Posiblemente exista otra razón por la que resulta tan difícil pensar en remedios para frenar esta tendencia. En las últimas semanas se han convocado reuniones urgentes para tratar la situación. El ex primer ministro y jefe del KGB Primakov ha manifestado que, de no mediar un cambio drástico, es posible que dentro de unas cuantas décadas Rusia haya desaparecido. En un mensaje sobre el estado de la nación, el presidente Putin ha calificado el problema demográfico como el segundo de los grandes desafíos del país (el mayor es el retraso tecnológico y posiblemente se equivoque en el orden de prioridades). El Gobierno ruso ha anunciado que destinará 40.000 millones de rublos a incentivar el índice de natalidad. Las rusas obtendrán por cada hijo 110 dólares mensuales y un pago único de 9.000 dólares. No obstante, en este caso, es posible que dicha inversión diste mucho de ser suficiente.

Según las encuestas de opinión, la mitad de las rusas continúa sin querer tener hijos a causa del alto coste de vida, entre otros motivos. Stalin daba primas a las madres con más de dos hijos, y a lo largo de la historia otros gobernantes han puesto en práctica políticas de natalidad similares aunque sin éxito duradero (3). En Francia y Suecia se han tomado importantes medidas para fomentar el crecimiento de la población y ayudar a las madres a continuar con su carrera profesional, aunque los resultados no han sido espectaculares. La mayoría de las sociedades europeas se enfrentan al envejecimiento y la reducción de la población, pero en ninguna parte la situación es tan grave y seria como en Rusia.

"Rusia para los rusos", es el eslogan de la derecha rusa y de muchos que ni siquiera se consideran de derechas. En vista de las tendencias demográficas y de la reducción del número de rusos étnicos es un eslogan que no tiene demasiado sentido. ¿Dónde estarán las fronteras de Rusia a finales de este siglo? ¿Se producirá un desplazamiento hacia los Urales o incluso más al oeste, como ocurría en la época de Iván el Terrible? En el mundo contemporáneo los recursos energéticos son muy importantes. Pero si el número de rusos desciende por debajo de ciertos mínimos, Rusia dejará de existir con sus actuales fronteras. La naturaleza y la política no toleran el vacío.

Walter Laqueur, 11-06-06.

Walter Laqueur es el actual director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington.Traducción a cargo de Celia Filipetto.

Notas:

(1): si bien la ONU no es que sea un organismo especialmente fiable en estos asuntos, como iremos viendo en próximos artículos.

(2): ese grado de ceguera, imprevisión y estupidez no es exclusivo de Rusia. En España ya estamos perdiendo población española y no existe ni la menor conciencia del problema.

(3): ésta es una verdad parcial y matizable. Es cierto que en muchas ocasiones los intentos natalistas por parte de gobiernos y dirigentes han conseguido resultados exiguos. Pero en buena parte de las veces esto se ha debido a que las propias administraciones que habían puesto en marcha dichas medidas, y de cuya voluntad política dependía el mantenimiento de las mismas, han perdido el poder y con su salida se ha producido también la retirada de sus políticas. Éstas por su parte, para ser realmente efectivas, necesitaban ser aplicadas a muy largo plazo y con constancia. Es un fenómeno que ha ocurrido tanto en la fase crepuscular del Imperio Romano como en la Suecia de los años noventa.

En otros casos es cierto que medidas fuertemente intervencionistas, aplicadas por largos períodos, han conseguido resultados discretos (Francia).Dar unas razones generales y abstractas de dichos fracasos no tiene demasiado sentido, puesto que cada caso reúne una serie de factores específicos.Ahora bien, se pueden dar unas indicaciones.

En primer lugar, es necesario que la población objeto sea auténticamente consciente de su situación. Conseguir eso en sociedades donde prima el escapismo respecto a las realidades duras, y la frivolidad y huida hacia adelante - especialmente entre la clase política- es realmente una labor titánica.

En segundo lugar las acciones son, en ocasiones, demasiado superficiales. Casi se podría decir que son pura cosmética de cara a la galería. Hay que ser consciente de que de lo que se trata es de cambiar nada más y nada menos que la inercia demográfica de una población, lo cual exige transformar traumáticamente los modos de vida y las estructuras sociales y económicas. Ahí es nada. Las medidas deben ser múltiples, afectar a diversos aspectos de la realidad de forma coordinada y ser consecuencia de un análisis serio y complejo. También deben ser valientes independientemente de lo impopulares que puedan resultar. Veamos unos ejemplos.

De nada sirve una ridícula paga de, pongamos, 100 euros para cada madre trabajadora. En primer lugar esa paga debe extenderse, como es evidente, a cualquier madre potencial en una cierta franja de ingresos si lo que queremos es subir la natalidad y no malgastar el dinero público en pura propaganda electoral. En segundo, poco ayudan los subsidios directos -y menos si son tan pequeños- si el esfuerzo financiero dedicado a la vivienda es brutalmente elevado, cual es el caso de España.

Igualmente, sin una fuerte progresividad fiscal que tenga en cuenta, de verdad y de forma determinante el número de hijos, y sin leyes que fuercen a las empresas a implementar medidas de conciliación reales, todo lo demás será vano. Y qué decir de la temporalidad laboral, grotescamente elevada -nadie se anima a tener hijos si no sabe en qué va a estar trabajando seis meses después. Además, dos aspectos fundamentales son fomentar la concepción durante la veintena frente a la concepción en la treintena, y conseguir reducir el tiempo medio entre embarazos de las mujeres que se encuentran por encima de los treinta años. Y eso sólo son unos breves apuntes en torno a los aspectos materiales y económicos del asunto, en absoluto los únicos.

Porque -y éste ha sido un error clásico- todo lo anterior constituye poco más de la mitad de la cuestión. No se puede negar el efecto pernicioso que sobre la natalidad tienen las actitudes refractarias a la misma instaladas en amplias capas de la sociedad. Tampoco la crisis de duración de la pareja en el mundo moderno (nadie tiene hijos con una persona con la que no se piensa, en ese momento, que se va a permanecer indefinidamente).Este tipo de factores -esenciales- no pueden ser despreciados alegremente tan sólo porque resulte difícil actuar sobre ellos.

Igualmente, y desde un punto de vista exclusivamente demográfico, una sociedad con una crisis de natalidad tan fuerte y larga como -por ejemplo- la nuestra no puede permitirse una cifra de abortos reales cercana a los 100 000 anuales -con un modelo de aborto tan permisivo que mujeres de Francia, Portugal, Italia y Bélgica vienen a España a abortar. ¡100 000 abortos son por sí solos un tercio del incremento en nacimientos que España necesita! Y en Rusia la tasa de abortos es mucho más elevada...

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Rusia. Impuesto por falta de hijos

Rusia. Impuesto por falta de hijos

Rusia. Impuesto por falta de hijos.

Traducción del diario Pravda

El diputado que dirige el comité del Parlamento ruso para la protección sanitaria, Nikolai Gerasimenko, ha sugerido la introducción de un impuesto sobre la falta de niños para mejorar la situación demográfica en Rusia.

"Ha llegado la hora de pensar en el impuesto sobre la falta de niños. Quien no desee pensar sobre el servicio social a la Patria, deberá pagar por ello," afirmó Gerasimenko. El diputado anadió que los parlamentarios rusos estaban considerando la posibilidad de introducer tal impuesto. Tan pronto como los diputados tengan la idea madurada, los abogados desarrollarán un documento sobre el tema.

El ministro de Sanidad y Desarrollo Social, Mikhail Zurabov, afirmó que la idea era bastante comprensible. El gobierno está buscando de forma active Fuentes estables de ingresos para financiar los gastos sociales. El impuesto sobre familia sin hijos podría ser una de dichas fuentes, informó Interfax. "Si consideramos el problema de encontrar una fuente estable de ingresos para financiar tales gastos," afirmó el ministro.

Mikhail Zurabov resaltó que la conducta reproductora de la población rusa depende de las políticas gubernamentalesm no solo de los impuestos.

El gobierno soviético aplicó medidas similares en la década de los 70. Como resultado de dichas políticas, las tasas de nacimiento fueron excedentarias en 1987 y se elevaron al 2.19 por ciento. El índice bajó a un 1.17 por ciento durante los 10 anos que siguieron. "Las dificultades del Nuevo periodo económico en el país resultaron en una dramática reducción de la tasa de nacimientos en todo el país," afirmó el ministro.

El Director del Centro de Demografía y Ecología de la Academia Rusa de Ciencias, Anatoly Vishnevsky, declare en conferencia de prensa que la tasa de natalidad en Rusia ha sido una de las más bajas del mundo a lo largo de los últimos 40 anos. "Es una enfermedad crónica de Rusia y no sera fácil de derrotar," afirmó el científico.
El presidente Putin sugirió una ayuda por maternidad por 250.000 rublos (unos 10,000 dólares).

Putin expresó la idea en su mensaje al parlamento el pasado mes de mayo. "Cuando una mujer da nacimiento a su Segundo hijo, pierde con frecuencia echa a perder su carrera y se encuentra en una situación humillante y de dependencia dentro de su familia. Si la nación se muestra preocupada por la tasa de natalidad nacional, debe apoyar a la mujer si se decide a tener un Segundo hijo. Se supone que el estado debe darla el capital maternal inicial que aumente su status social," afirmó el presidente Putin.

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