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Resumen
- 21/02/2008 15:37 - BIENVENIDO A EUROKRISIS
- 21/02/2008 15:58 - Artículo I sobre el marxismo de Antonio Gramsci
- 21/02/2008 16:01 - Artrículo II sobre el marxismo de Antonio Gramsci
- 21/02/2008 16:06 - Como se echó a perder mi barrio por la multiculturalidad
- 21/02/2008 16:08 - Francia Traicionada por la República
- 21/02/2008 16:11 - Cuidado: Los nuevos godos están llegando
- 21/02/2008 16:22 - Las razones para rechazar la candidatura turca
- 26/02/2008 12:39 - La inmigración no europea hipoteca de nuestra identidad
Artículo I sobre el marxismo de Antonio Gramsci
Antonio Gramsci
Alain de Benoist
[Traducción: Santyago Rivas]
Hubo un tiempo en que se leía a Marx. Hoy, es dogma. No solamente está de moda: la inmensa mayoría de lo que se publica en el dominio ideológico se sitúa en el interior del marxismo. El marxismo, y sus epígonos que introdujeron un cierto número de variaciones personales (Lukács, Rosa Luxemburgo, Wilhelm Reich..), se han instalado en la cultura popular y en los análisis massmediáticos de un modo subliminal, penetrándolo todo, aun sin darnos cuenta.
Antonio Gramsci es, junto con Lukács, el más célebre de los "marxistas independientes". Es también, y sobre todo, el teórico del "poder cultural".
Nacido en Cerdeña en 1891, una leyenda a lo Don Bosco hizo de él el hijo de un pastor. De hecho, su padre fue un funcionario estatal. A los tres años, a consecuencia de una desgraciada caída por la escalera, se deforma la columna vertebral, quedando jorobado para el resto de su vida. A los diecisiete años, una beca le permite acceder a la universidad de Turín, a donde llega en 1911.
Dos años más tarde se afilia al Partido Socialista Italiano (PSI), donde milita en el "ala izquierda". Comienza a escribir en el diario "Avanti" y en el semanario "Grido del popolo". El 1 de mayo de 1911, junto con Terracini y Palmiro Togliatti, lanza el semanario "L´Ordine nuovo".
El mundo comunista se encontraba entonces en plena ebullición. A partir de 1918 ciertas corrientes se pronuncian por un "apoyo crítico" al bolchevismo ruso. Estas corrientes rechazan aceptar sin contestación la hegemonía de la Komintern (la Internacional Comunista). En Alemania, es el caso de los grupos que, en 1920, se agruparon en el KAPD (Partido Comunista Obrero Alemán), con Rosa Luxemburgo y Karl Korsch; en los Países Bajos, de los "consejistas" de Pannekoek. Su oposición queda mostrada en la acción parlamentaria, que consideran inadecuada para la lucha por el socialismo, y en el papel de los sindicatos, puesto que dudan de sus virtudes revolucionarias.
Esta posición será duramente criticada por Lenin en su obra El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo.
En Italia, en el interior del PSI, se enfrentan dos grupos "izquierdistas": el dirigido por Amadeo Bordiga y el liderado por Antonio Gramsci.
Reagrupados desde Nápoles en torno al diario "Il Soviet", los bordiguistas proponen la creación de un partido revolucionario ultrajerarquizado y ultracentralizado. La dirección de "L´Ordine nuovo", al contrario, opone el "comunismo de los consejos" al "comunismo del partido": denuncian el <fetichismo organizativo>; es decir, la idea de que todo debe estar subordinado a los intereses del partido.
El sindicato, escribe Gramsci, <tiene un objetivo que podríamos llamar comercial>, consistente en <valorizar, sobre el mercado burgués del
trabajo, la categoría de los trabajadores>, lo cual nada tiene que ver con la revolución. En cuanto a la <religión de partido>, ligada al burocratismo y al elitismo, se traduce en <el deseo de cultivar el aparato por el aparato> (Notas sobre Maquiavelo). Conclusión: el partido y el sindicato pueden ser agentes de la revolución, pero no pueden ser formas privilegiadas, ni la revolución puede confundirse con ellos.
Con su figura corvada, su gruesa nariz, su melena negra y sus eternos "quevedos", Gramsci está presente en todos los congresos, donde lanza su célebre palabra de orden: <Sólo la verdad es revolucionaria>.
Paralelamente elabora una teoría del "consejismo de las factorías". La idea central es que el proletariado debe instituir su dictadura mediante organismos creados espontáneamente en su seno. Aquí, la palabra-clave es "espontáneamente": implica un retorno a la base.
Bordiguistas y "social-traidores"
Gramsci se vuelca hacia los "consejos de las factorías", que supone la síntesis entre la infraestructura económica y la superestructura política: en el penúltimo estadio de la sociedad comunista, el Estado mundial de los proletarios nacerá de la coalición entre los consejos de las factorías y los consejos de los campesinos. Será la <democracia directa>.
<Los comisarios de las factorías –escribe Gramsci– son los únicos y verdaderos representantes sociales (económicos y políticos) de la clase
obrera, puesto que son los únicos elegidos mediante el sufragio universal de todos los trabajadores en su mismo lugar de trabajo>.
Desde abril hasta septiembre de 1920, un inmenso movimiento de huelga general sacude el norte de Italia. Es todo un acontecimiento: <El proletariado ha iniciado, por vez primera en la historia, la lucha por el control de la producción sin haber sido empujado a tal acción por el hambre o el paro> ("L´Ordine nuovo", 14-04-1921). Desde Turín, Antonio Gramsci anima los "soviets de empresa". <Cada factoría –dice– es un estado ilegal, una república proletaria que vive el día a día>.
Pero el entusiasmo se derrumba con la misma rapidez con la cual había surgido. El ala derecha del PSI "rompe" el movimiento. La socialdemocracia pierde terreno. Por lo demás, la decisión de Lenin de acelerar las escisiones comunistas en el seno de los partidos comunistas precipita los acontecimientos. El 21 de enero de 1921, en Livorna (Suiza), la "Fracción Comunista" (FC) del PSI se transforma en el Partido Comunista Italiano (PCI). Gramsci y Togliatti participan en su fundación, pero es Bordiga quien toma el control del partido.
Poco tiempo después una nueva crisis se declara en la Internacional. Inquieto ante los progresos de la "reacción", Lenin propone una estrategia de Frente Popular. Bordiga, en Italia, rechaza colaborar con los "social-traidores". Asegura que el fascismo, <instrumento de la
burguesía>, desaparecerá automáticamente con ella. Esta actitud sectaria le priva del apoyo de las masas. El 29 de octubre de 1922, los fascistas llegan a Roma después de su larga marcha; al día siguiente, Mussolini accede al poder.
Pocos meses antes, en Moscú, Gramsci había sido designado miembro del Comité Ejecutivo de la Komintern. Meditando la importancia y la gravedad del desacuerdo entre el PCI y el Kremlin, decide atacar a los bordiguistas y tomar, desde el interior, el control del partido. Pero los apoyos que esperaba no se materializan. En Alemania, una tentativa de alianza entre socialistas y comunistas fracasa en octubre de 1923. Moscú, que creía en la posibilidad de la formación de una internacional de izquierdas, animada por Bordiga con el apoyo de Trotsky (ya en la oposición), encuentra la ocasión para desarrollar una ofensiva contra la "derecha". Gramsci se encuentra solo.
En enero de 1924 es elegido diputado por Venecia. El 12 de febrero lanza el diario "L´Unitá". En enero de 1926, el congreso del PCI debe celebrarse en Lyon, en Francia. Gramsci imponen sus tesis y es nombrado secretario general. Pero es demasiado tarde: carente ya de electorado, desgarrado por luchas intestinas, el partido es ilegalizado el 8 de noviembre y entra en la clandestinidad. Gramsci es arrestado y enviado a la isla de Utica, condenado a veinte años de prisión.
Allí, en su celda, escribe sus textos más importantes: los Cuadernos de prisión. Treinta y tres tomos, tres mil páginas manuscritas.
Libre de las contingencias de la acción, Gramsci repasa toda la praxis del marxismo-leninismo. Reflexiona, en particular, sobre la gran huelga general socialista de 1920. ¿Cómo lograr que la conciencia de los hombres actúe según aquello que debería dictarle su situación de clase? ¿Cómo es que los estratos dominantes se hacen obedecer "naturalmente" por los estratos dominados? Gramsci responde a estas cuestiones mediante el estudio de la noción de "ideología", y operando una distinción decisiva entre "sociedad política" y "sociedad civil".
La teoría del poder cultural
Por "sociedad civil" (termino ya usado por Hegel y, por cierto, criticado por Marx) Gramsci designa el conjunto del sector "privado"; es decir, el sistema de necesidades, la jurisdicción, la administración, las corporaciones, pero también los dominios intelectual, religioso y moral.
El gran error de los comunistas ha sido creer que el Estado se reduce a un simple aparato político. Pero, <el Estado organiza también el
consentimiento>; es decir, dirige por medio de una ideología implícita, que reposa sobre los valores admitidos por la mayoría de los societarios. Este aparato "civil" comprende la cultura, las ideas, los modos, las tradiciones -e incluso el "sentido común".
En otras palabras, el Estado no es solamente un aparato coercitivo. Al lado de la dominación directa, del mando que ejerce por medio del poder político, también se beneficia, gracias a la actividad del poder cultural, de <una hegemonía ideológica, de la adhesión de los espíritus a una concepción del mundo que le consolida y le justifica> (cfr. la distinción hecha por Althusser entre el <aparato represivo del Estado> y los <aparatos ideológicos del Estado>).
Separándose aquí de Marx, que reduce la <sociedad civil> a la infraestructura económica Gramsci asegura (sin percibir todavía que la
ideología también está ligada a las mentalidades; es decir, a la constitución mental de los pueblos) que es en la sociedad civil donde se
elaboran y difunden las visiones del mundo, las filosofías, las religiones y todas las actividades intelectuales o espirituales, explícitas o implícitas, por medio de las cuales se forma y se perpetúa el consenso social. Por ello, reintegrando la sociedad civil al nivel de la superestructura y agregándole la ideología, de la que ella depende, Gramsci distingue, en Occidente, dos formas de superestructura: por una parte la sociedad civil, por la otra la sociedad política o el Estado propiamente dicho.
Mientras en Oriente el Estado lo es todo, en tanto la sociedad civil es <primitiva y gelatinosa>, en Occidente, los comunistas deben ser
conscientes del hecho de que lo "civil" se ajusta a lo "político". Si Lenin, que ignoraba tal cosa, pudo acceder al poder, fue precisamente porque en Rusia la sociedad civil era prácticamente inexistente. En las sociedades desarrolladas, no es posible la toma del poder político sin la previa captura del poder cultural: <La toma del poder no se efectúa solamente por una insurrección política de asalto del Estado, sino, sobre todo, por un largo trabajo ideológico en la sociedad civil que permita preparar el terreno> (Hélène Védrine, Las filosofías de la historia, 1975). El "paso al socialismo" no pasa ni por el putsch ni por el enfrentamiento directo, sino por la subversión de los espíritus.
El premio de esta "guerra de posiciones": la cultura, que es el puesto de mando de los valores y las ideas.
Gramsci rechaza a la vez el leninismo clásico (teoría del enfrentamiento revolucionario), el revisionismo estaliniano (estrategia del Frente Popular) y las tesis de Kautsky (constitución de una vasta concentración obrera). El "trabajo de partido", pues, consistiría en reemplazar la <hegemonía de la cultura burguesa> por la <hegemonía cultural proletaria>. Conquistada por valores que ya no serán los suyos, la sociedad vacilará sobre sus bases. Y entonces será la hora de explotar la situación sobre el terreno político.
De ahí el rol designado a los intelectuales: <ganar la guerra de posiciones por la hegemonía cultura>. El intelectual es aquí definido por la función que ejerce frente a un tipo dado de sociedad o de producción. Escribe Gramsci: <Cada grupo social, nacido sobre el terreno original de una
función esencial, en el mundo de la producción económica, crea al mismo tiempo que él, orgánicamente, una o varias capas de intelectuales, que le dan su homogeneidad y la conciencia de su propia función, no solamente en el dominio económico, sino también en los dominios social y político (Los intelectuales y la organización de la cultura)>
A partir de esta definición (demasiado extensa), Gramsci distingue entre los intelectuales orgánicos, que aseguran la cohesión ideológica de un sistema, y los intelectuales tradicionales representantes de los antiguos estratos sociales que persisten a través de las relaciones de producción.
A partir de los intelectuales "orgánicos", Gramsci recrea el sujeto de la historia y de la política, el Nosotros organizador de los otros grupos sociales, por retomar la expresión de Henri Lefebvre (El fin de la historia, 1970). El sujeto ya no es Príncipe, ni el Estado, ni el Partido, sino la Vanguardia intelectual ligada a la clase obrera. Es ella quien, mediante un <trabajo de termita>, cumple una "función de clase" convirtiéndose en portavoz de los grupos representantes en las fuerzas de producción.
La Vanguardia intelectual es quien debe dar al proletariado la <homogeneidad ideológica> y la conciencia necesaria para asegurar su
hegemonía -concepto que, en Gramsci, reemplaza y desborda al de "dictadura del proletariado" (en la medida en que desborda la política para englobar la ideología).
Pluralismo y consenso evanescente
De paso, Gramsci detalla todos los medios que estima propios para la <persuasión permanente>: apelación a la sensibilidad popular, inversión de los valores del poder creación de <héroes socialistas>, promoción del teatro, del folklore, del cine. Para la definición de estos objetivos, se inspira en la experiencia inicial del fascismo y su estrecha vinculación con la cultura vanguardista (con el futurismo, particularmente). El comunismo, dice, debe resolver sus problemas teniendo en cuenta la experiencia soviética, pero sin seguir pasivamente este modelo. Esto le conduce a subrayar la especificidad de las problemáticas nacionales. La acción y la estrategia políticas no pueden, a sus ojos, negar la complejidad de las sociedades, ni el temperamento, la mentalidad, la herencia histórica, la cultura y la tradición de las naciones, ni mucho menos las relaciones de las clases entre sí (incluyendo sus aspectos ideológicos), etc.
Gramsci comprende muy bien que el postfascismo no será socialista. Pero piensa que este periodo, durante el cual reinará de nuevo el liberalismo, será una excelente ocasión para practicar la subversión cultural, pues el socialismo estará moralmente en una posición de fuerza.
De este <rodeo democrático> surgirá un nuevo bloque histórico, bajo la dirección de la clase obrera, en tanto que los intelectuales tradicionales serán asimilados o destruidos. Por <bloque histórico>, noción formada a partir, especialmente, de la situación en el Mezzogiorno italiano, Gramsci entiende un sistema de alianzas políticas que asocien la infraestructura y la superestructura, centrado en torno al proletariado y basado en la "historia"; es decir, sobre las clases y la estructura de las clases en la sociedad.
Esta visión se ha revelado profética. No solamente porque es en los regímenes liberales donde la subversión tiene una mayor libertad de
actuación, sino también porque tales regímenes, siendo pluralistas, son el lugar de un débil consenso que favorece la inmersión de los intelectuales en las luchas políticas. <El orden pluralista –escribe Jean Baechler– se caracteriza por un consenso evanescente. En efecto, el pluralismo político; es decir, el reconocimiento institucional de la legitimidad de los proyectos divergentes y concurrentes, es intrínsecamente corruptor del consenso. La pluralidad de partidos, por el único mecanismo de la concurrencia, conduce a percibir más y más netamente la multiplicidad y la variabilidad de las instituciones y los valores. En el límite, no hay nada que consiga la unanimidad de los societarios> (¿Qué es la ideología?, 1976).
Se llega así a un círculo vicioso. La actividad de los intelectuales contribuye a destruir el consenso general, la difusión de las ideologías
subversivas se ajusta a los defectos intrínsecos de los regímenes pluralistas. Pero, contra más se reduce el consenso, más se fortalece la
demanda ideológica, a la cual responde la actividad de los intelectuales. Así, el efecto es contrario a la mayoría ideológica.
Antonio Gramsci murió de tuberculosis el 25 de abril de 1937. Su hermana Casilda reunió sus Cuadernos y los puso en circulación.
En la primavera de 1944, el PCI aguardaba su gran día bajo la dirección de Palmiro Togliatti (1893-1964). Retomando por cuenta una parte de las tesis de Gramsci se convirtió en el abogado del "policentrismo" -de la ortodoxia plural de los diferentes partidos comunistas. A principios de 1960, esta tesis ejercerá una fuerte influencia sobre los jóvenes comunistas disidentes.
En Italia, la obra completa de Gramsci fue publicada entre 1948 y 1950. Su biografía "oficial" apreció en 1951.
El izquierdismo europeo (el "marxismo occidental", en la terminología de Gramsci) pronto comprendió la lección esencial de Gramsci. A saber: que la mayoría ideológica es más importante que la mayoría parlamentaria y que la primera siempre anuncia la segunda, en tanto la segunda, sin la primera, está llamada a derrumbarse.
["Contrafiguras", Vu de Droite]
Artrículo II sobre el marxismo de Antonio Gramsci
Gramsci, la revolución cultural y la estrategia para Occidente.
Dr. Ricardo Miguel Flores.
I. Preámbulo.
Ante los ojos de muchos de nuestros contemporáneos, el marxismo es punto menos que una concepción del mundo derrotada, una filosofía perimida o hasta un objeto de nostalgia en determinados casos [1]. En realidad ésto no hace totalmente justicia a la realidad, ya que a una visión que busque ahondar en el asunto, las cosas aparecen de un modo diverso y no tan expeditivo.
Incluso a personas con un nivel de información apreciable y hasta con alguna especialidad humanística, se les ha escapado cómo el marxismo-leninismo -de suyo perverso- fue deviniendo hasta mutar en algo más destructivo y sutil, y por ello mismo, más difícil de detectar. Nos estamos refiriendo al gramscismo, filosofía que quizá es cada vez menos explícitamente mencionada en eventos, publicaciones y ambientes filosóficos especializados, pero que sin embargo, como haremos ver en el presente artículo, ha triunfado como
pocas visiones filosóficas lo han hecho a lo largo de la historia, siendo su escasa notoriedad abierta, parte precisamente de su insidiosa victoria.
Analizaremos primero, en qué consistió justamente el cambio del leninismo al gramscismo, como especificación diversa sobrepuesta a la plataforma marxista. En segundo lugar consideraremos porqué se prefirió tácticamente, en particular para Occidente, al gramscismo como ariete filosófico-cultural disolvente; en tercero, cuál es la especificidad de su propuesta filosófica y cuáles son sus principales nexos con otras filosofías, dado su contexto italiano; en cuarto término, cuáles han sido las consecuencias socioculturales de su vigencia filosófica y política, y finalmente, en quinto, qué corolarios se deben extraer, a la luz de la filosofía realista a fin de contrarrestar la Revolución Cultural, cuyo diseño y arquitectura, fue la obra a la que consagró su vida Antonio Gramsci, pensador italiano nacido en Cerdeña (1891-1937).
Después de todo, como dice el Padre Alfredo Sáenz: "es quizás el suyo el único intento marxista de plantear globalmente y, según creo, con mucha inteligencia, la cuestión del tránsito hacia el socialismo en una sociedad de formación occidental" [2]. Añade el autor a renglón seguido que tanto los fenómenos del eurocomunismo y del ítalo -comunismo, son de hechura gramsciana, y que fueron delineados como estrategia para la conquista del poder por parte de los partidos comunistas en los países latinos.
Al no poder establecer una dictadura abierta en las naciones occidentales, se ha adoptado como veremos, una vía más larga, pero que se busca que sea más efectiva, más sólida y afianzada, que es la de la dictadura mental, de la que han hablado algunos de sus críticos. El proceso y mecanismos de establecimiento de dicha dictadura será parte de lo tratado en el presente escrito.
II. De la revolución soviética a la revolución cultural. Heterodoxia de
Gramsci.
No es en manera alguna ocioso recordar cuáles eran las ideas de Lenin -y otros "maestros fundadores" del marxismo- respecto a cómo y bajo qué condiciones se habría de llevar a cabo el tránsito hacia la sociedad socialista.
En breve, Lenin postulaba la necesidad de llevar a cabo primero la revolución socialista en el terreno político-militar, instaurar a
continuación la llamada "dictadura del proletariado", y a partir de la apropiación por parte de los comunistas de los "aparatos de Estado" como diría Althusser, realizar los cambios necesarios en materia ideológica y cultural.
En terminología marxista, para Lenin, había que transformar primero lo que Marx denominó en sus obras "infraestructura" (la economía), para de ahí proceder a modificar la "superestructura" (religión, derecho, ideología, cultura). Ello no obsta a la cuestión de que ciertamente el propio Lenin le había "enmendado la plana" a Marx al menos en un punto: para el pensador de Tréveris, la Revolución se habría de realizar primero en los países de industrialización más avanzada (en este caso, Inglaterra, Alemania, Francia, Bélgica) y no en las naciones predominantemente agrícolas; en cambio, para el pensador ruso, sí era posible que una nación agrícola atrasada como Rusia -que entonces iniciaba su industrialización- realizara "dadas las condiciones objetivas" su transformación revolucionaria.
Dadas las dificultades persistentes en las naciones de Europa Occidental para llevar a cabo una revolución de carácter violento, los pensadores marxistas más lúcidos, -destacadamente Gramsci- se abocaron a la tarea de diseñar una estrategia marxista para Occidente; en su caso, particularmente para la situación de Italia y, por extensión, para todos los países de cultura latino-católica.
Gramsci consideraba que mientras Italia fuese católica, toda tentativa revolucionaria estaba destinada al fracaso. Incluso el lanzar una revolución mediante la vía violenta podía involucrar el nada desdeñable riesgo de perder todo lo avanzado, de abortar toda la operación al presentarse un golpe de Estado y/o una dictadura militar.
Había que variar la estrategia. Mas antes de proseguir, debemos introducir aquí una distinción conceptual gramsciana necesaria para entender de una manera adecuada los planteamientos de este autor. Se trata de la distinción entre sociedad civil y sociedad política. Siguiendo libremente en este punto al P. Alfredo Sáenz, podemos decir que la primera habrá de consistir en el conjunto de organismos privados que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce sobre toda la sociedad o el conjunto de organismos que crean un modo de pensar en el pueblo, le crean un "sentido común", o modo natural de sentir y pensar y que viene vehiculizado por
instancias tales como la Iglesia, la Universidad, la escuela, los medios de comunicación, entre otros.[3]
Por su parte, la sociedad política viene a ser el conjunto de organismos que ejercen una función coercitiva y de dominio directo en el campo jurídico, político y militar. Fundamentalmente consiste en el Estado, que tiene por función "la tutela del orden público y el respeto de las leyes". El hecho es que para Lenin -todavía fiel a la concepción marxista de la sociedad civil- el primer objetivo sigue siendo la conquista del Estado, mientras que para Gramsci, la meta es la misma sociedad civil -conjunto de relaciones ideales y culturales-.
Hecha esta necesaria distinción, podemos a continuación abordar la cuestión de porqué para las naciones de Occidente -particularmente para las de raigambre latino-católica-, se hizo necesario para los marxistas elegir una táctica bien diversa a la que se siguió en la Rusia zarista.
III. Estrategia para Occidente.
Gramsci pensaba que la clave de la permanencia de las religiones trascendentes o de la propia Iglesia Católica en el caso de buena parte de Occidente, es la profesión de una fe firme e inquebrantable, incluyendo la constante repetición de los mismos contenidos doctrinales. Todo ello colabora, junto con otras vertientes, a la constitución del ya mencionado "sentido común" [4]. Pues bien, según el gramscismo, nadie ha mostrado mayor eficacia que la Iglesia para crear un sentido común, con el singular añadido (esto era para él motivo de envidia y debía ser meta a alcanzar por el Partido Comunista Italiano), de que la Iglesia por siglos había logrado amalagamar en su seno tanto al pueblo analfabeta como a una élite intelectual propia. No habiendo permitido, hasta entonces, la escisión entre un pequeño grupo con características por así decir, gnósticas (como selecto grupo conocedor) y una masa con acceso únicamente a manifestaciones de religiosidad popular.
Es así que, para Gramsci, la gran falla de todas las filosofías inmanentistas[5], incluído el marxismo, ha sido el no haber acertado a unir en una misma creencia o "sentido común", a los intelectuales y al pueblo, a los doctrinarios y a los practicantes, a los expertos o "iniciados" y a los neófitos. Precisamente a eso se abocará Gramsci, a subsanar esa carencia, a través de sus deletéreos escritos, elaborados en las prisiones mussolinianas.
Gramsci estimaba que la revolución no habría de hacerse -ya lo hemos visto- modificando las relaciones económicas, esto es, estructurales. No, eso no habría de funcionar en Occidente. ¿De qué serviría una sociedad política marxista sobrepuesta a una sociedad civil férreamente cristiana? Ello conllevaría muchos riesgos, toda vez que el expediente de las armas y la represión no puede funcionar indefinidamente. Por ello, Gramsci postulaba iniciar cambiando la superestructura (religión, derecho, arte, ciencia, medios de comunicación) para que transformando la mentalidad (lo que Marx denominaba superestructura ideológica) de la sociedad civil, luego esta pudiera caer como fruta madura, y entonces sencillamente la sociedad civil asimilaría a la sociedad política, no habiendo ya contradicciones entre ambas.
Atendamos a un conocido autor español, profundo conocedor del pensamiento gramsciano: "¿Cómo hacerse con la sociedad civil, esa amalgama de ideas, creencias, aptitudes, aspiraciones? La respuesta de Gramsci pasa por una comprobación: la sociedad civil está «poblada» de elementos culturales: modos de pensar, de sentir, de situarse ante la vida, de leer, de divertirse .. . . . Se trata, por tanto, de conquistar la cultura para el marxismo, de organizar la cultura por medio de la captación de sus agentes, los intelectuales" [6].
De suerte tal que el punto central habría de consistir en lo que Gramsci denominaba "mutación del sentido común", uno de cuyos pivotes habría de ser precisamente el dominio y control de los medios de comunicación de masas, a través del desarrollo de toda una lucha cultural (Kulturkampf) contraria a la concepción trascendente de la vida.
Para el ilustre pensador italiano Augusto Del Noce, el gramscismo representa precisamente la culminación de todo el proceso secularista; "es un cierre total a cualquier trascendencia metafísica y religiosa, hasta el punto de poder decir que, para Gramsci, la misma revolución comunista no es sino un momento de una más amplia «reforma intelectual y moral» enderezada a la realización de la plenitud del secularismo" [7].
IV. Aspectos y conexiones filosóficas.
Una de las peculiaridades del gramscismo es que identifica filosofía y política, y a la vez concibe a la historia (política) como filosofía (realizada o realizándose). Se le considera -y en cierta manera- se autoconsidera continuador del actualismo y la filosofía de la praxis de Gentile [8]. No obstante, fue feroz la crítica que le dirige, al igual que a Benedetto Croce. Es oportuno recordar en el presente contexto que Gentile visualizaba su propia colaboración con el fascismo como una realización de su filosofía, el actualismo: la dialéctica no de lo pensado, sino del acto de pensar, del pensar como acto puro, esto es, subjetivismo filosófico, cuyo criterio de validez es la exterioridad como verificación del pensamiento en cuanto tal.
Vista entonces la historia contemporánea desde lo que sería una "óptica revolucionaria", la historia moderna es filosófica, en el sentido de que es la realización y la verificación de dos vertientes del hegelianismo, las dos en forma de la ya mencionada filosofía de la praxis: la marxista y la de Gentile. Si la primera desembocó en una revolución y en la formación de eterminados imperios (finalmente fallidos), la segunda es la que ha dado lugar a diversas tentativas de una revolución occidental, adaptada a países con características liberal-democráticas, y de base industrial, poniendo en ejecución una filosofía del devenir, que a últimas fechas ha involucionado en un mero materialismo neopositivista, que "es la cobertura del conservadurismo burgués llevado a su integralidad" [9]
A Croce particularmente le reprocha el no haber desarrollado una Kulturkampf [10]. Gramsci cree reproducir en sí mismo, tomando como plataforma el pensamiento de Benedetto Croce, el mismo proceso que en el pensar inmanentista de Occidente, condujo de Hegel a Marx, a través de Feuerbach y los neohegelianos de izquierda, ello con la finalidad de instaurar una genuina cristalización del marxismo, pero depurada de todas "las incrustaciones naturalistas y positivistas y de sus desviaciones revisionistas" (Gramsci). El hecho es que Gramsci desemboca en una suerte de actualista (gentiliana) "filosofía de la praxis" subjetivista que sobreconforma y recodifica lo que era su plataforma de base: el objetivista materialismo histórico.
Ello no significa que Gramsci "renunciára" al pensamiento de Marx, eso no sucede en ningún momento. Lo que acontece, -y en ello adherimos por entero a la interpretación de Del Noce- es que, más allá de la explícita intencionalidad del autor de los Cuadernos de la Cárcel [11], si atendemos a la inexorable trabasón lógica, el operativo filosófico gramsciano, de algún modo «realiza», «actualiza» la meta de toda la "filosofía de la praxis: superar toda manifestación de "filosofía especulativa", lograr que, de facto, la filosofía devenga política e historia o, si se quiere, historia política y, ser a la vez, el detonante y el catalizador, que vuelva del revés, esto es, subvierta, todo el dispositivo ideológico que configura el sentido común (hoy llamado muchas veces "imaginario colectivo") de una sociedad, entendido en el sentido ya líneas arriba indicado.
Por lo que respecta a Croce, por un lado le reconocía su gran "aportación a la cultura mundial" (sic) y que consideraba "una conquista civil que no debe perderse" la cual estribaba justamente en su concepción de que "el hombre moderno puede y debe vivir sin religión, y se entiende sin religión revelada o positiva o mitológica o como quiera decirse" [12]. Mas, por otra parte, lo calificaba de "papa laico", "instrumento eficacísimo de hegemonía" [13], y le formulaba severos reparos y objeciones en referencia al significado histórico que Croce le atribuía al Renacimiento, la Ilustración y la Revolución Francesa, entre otras cosas.
A ambos -Croce y Gentile- les espeta el haberse opuesto al movimiento modernista -al interior de la Iglesia Católica- ya que consideraba que la única forma, atención a este punto, en que una religión trascendente puede desvirtuarse, es mediante descomposición interna; de llevarse hasta sus últimas consecuencias este proceso, el catolicismo habría de desembocar en el secularismo, que ya vimos que en Gramsci implicaba "un cierre total a cualquier trascendencia metafísica y religiosa" (Del Noce). No ve el que no quiere ver, aunque algunos se afanan en desempeñar el triste papel que Lenin les asignara: el de "idiotas útiles", cavadores -conscientes o no- de su propia tumba. No olvidemos que el concepto de "modernidad" en Gramsci llevaba implícita una exclusión absoluta de cualquier referencia a toda realidad trascendente.
V. Algunas consecuencias socioculturales de la vigencia fáctica del
gramscismo.
No se le escapará al lector avezado que muchos de los afanes y previsiones de este político y filósofo sardo, se han ido materializando en forma tal, que hoy son elementos que forman parte ya de la atmósfera común que respiramos. Hay una inocultable hegemonía secularista que satura la mentalidad de grandes segmentos de la sociedad actual -más allá de matices y variantes a establecerse por países, regiones y ciudades- y va posibilitando, de día en día, que lo que antes era visto como inaceptable, negativo o incluso aberrante, se mire como "normal", positivo y hasta encomiable, en más de una ocasión.
Veamos algunos ejemplos fácilmente constatables: Gramsci postulaba que de la única realidad que se puede (y se debe) hablar, es la de "aquí abajo" (cierre inmanentista total), que los escritores y los pensadores secularistas debían hegemonizar los medios masivos de comunicación (basta encender el televisor, escuchar ciertos programas de radio o asomarse a cualquier kiosko), que había que acabar con el prestigio de autores, instituciones, medios de comunicación o editoriales fieles a los valores de la tradición y por ende, opuestos a los designios de secularistas, laicistas y "modernizantes".
Incluso previó Gramsci la defección de numerosos "católicos" que, deslumbrados por la utopía secularista, habrían de aceptar las diversas formas de "compromiso histórico". El agudo intelectual italiano sabía bien que, se obtenían mayores ganancias por estas vías graduales, de lenta pero sostenida transformación de la mentalidad que por la vía de una persecucion abierta. Toda una hábil guerra de posición estratégicamente concebida y ejecutada. Y muy mal entendida y enfrentada por quienes estarían obligados a hacerlo.
Parecería que vivimos en un mundo diseñado por (y a la medida de) Gramsci: se han invertido las valoraciones morales y políticas, se busca desjerarquizar todo lo valioso, se exalta todo lo que sea o implique "horizontalismo", se "deconstruye" el sano pensamiento filosófico y teológico, de forma tal que queda "pulverizado" en una multitud de nuevas ideologías y "filosofías" cuyo sólo empeño es "desmitificar", "secularizar", "desacralizar".
Seguramente se complacería -y mucho- Antonio Gramsci al ver en pleno proceso de realización (actualización, diría Gentile) algo que alguna vez "profetizó": el fin de la religión tendría que ocurrir por "suicidio", al diluirse los límites de la Cristiandad con respecto al mundo moderno. Mientras unos sueñan con que lo que está acaeciendo es una "cristianización del mundo", lo que en realidad se está dando es justamente lo contrario: segmentos considerables de 'cristianos' se mundanizan, adoptando los parámetros y criterios propios de una mentalidad totalmente inserta en una cosmovisión intramundana y secularista. Aunque no siempre se niega explícitamente, viven como si el mundo trascendente no existiera, como si todo empezara y terminara "aquí abajo".
El programa era (y es) bien claro: "lograr el desprestigio de la clase hegemónica, de la Iglesia, del ejército, de los intelectuales, de los profesores, etc. Habrá incluso que . . . enarbolar las banderas de las libertades burguesas, de la democracia, como brechas para penetrar en la sociedad civil. Habrá que presentarse maquiavélicamente como defensor de esas libertades democráticas, pero sabiendo muy bien que se las considera tan solo como un instrumento para la marxistización general del sentido común del pueblo" [14].
Otro lamentable hecho fácilmente constatable en diversos ambientes culturales de Occidente, sobre todo del latino y latinoamericano, es lo que se ha dado en llamar la "traición de los intelectuales". Esto se ha ido logrando por diferentes vías, ya sea mediante favores, concesión de prebendas, canonjías y halagos de todo tipo, o si no, mediante la táctica opuesta, que es la seguida con los intelectuales y profesores que no se doblegan ante estas formas de cooptación; para ellos están la presión, el chantaje, la amenaza y el boicot cuando no de plano, el desprestigio, la calumnia y la difamación.
Y es que en la estrategia gramscista el quebrantar de un modo u otro al intelectual opositor es fundamental: oigamos de nuevo al Padre Sáenz: "Gramsci considera que se ha ganado una gran batalla cuando se logra la defección de un intelectual, cuando se conquista a un teólogo traidor, un militar traidor, un profesor traidor, traidor a su cosmovisión . . . .No será necesario que estos "convertidos" se declaren marxistas; lo importante es que ya no son enemigos, son potables para la nueva cosmovisión. De ahí la importancia de ganarse a los intelectuales tradicionales, a los que, aparentemente colocados por encima de la política, influyen decisivamente en la propagación de las ideas, ya que cada intelectual (profesor, periodista o sacerdote) arrastra tras de sí a un número considerable de prosélitos" [15].
El que en la mentalidad predominante de nuestros días prevalezca a nivel popular el "da igual cualquier religión", "todo es según como tú lo veas", "haz lo que quieras con tal de que seas auténtico", "ahora ya todo está permitido", y a nivel filosófico el "no hay naturaleza (humana) sino historia", "yo me doy mi propia esencia", "no hay ser, sino tan sólo devenir, o incluso, devenires", "no hay verdad, todo se reduce a multiplicidad(es)", "no hay escritor, sólo texto", "no hay sujeto, sino estructuras epistémicas", y otras sandeces y disparates por el estilo (el catálogo es inagotable), quiere decir que un gramscismo camouflado, en invisible alianza (deliberada o no) con el movimiento New Age y otras inefables adherencias, se sigue imponiendo en toda la línea, más allá de las cada vez más escasas menciones públicas de este autor, tanto por parte de quienes lo apoyan como por parte de sus detractores.
VI. Algunas conclusiones desde el pensar realista.
A estas alturas, cualquier lector atento y medianamente enterado de la situación prevaleciente en el mundo actual habrá ya ido sacando algunas consecuencias lógicamente desprendibles de cuanto llevamos dicho.
Aquí sólo destacaremos algunas que nos han parecido relevantes en relación al desarrollo de una batalla cultural que la filosofía realista debe presentar en función del restablecimiento de la vigencia social, primero del sentido común (ahora sí en la acepción propia del tomismo) que ya no parece estar tan bien repartido como en tiempos de Descartes-, y en segundo término, de sus propios contenidos.
Lo primero a destacar es que si bien en sus variantes leninistas, trotskistas y otras, el marxismo luce seriamente averiado y sin muchos visos de restablecer su anterior influencia o en casos, hegemonía, por otro lado, en su versión gramsciana no sólo está fuerte y vigente, sino incluso, no lejos de conseguir su acariciado triunfo, al imponer su hegemonía en las sociedades occidentales y hasta en sectores del mundo oriental. Hegemonía ciertamente "silenciosa", ya que, prácticamente, nadie habla de Gramsci. (De ocurrir lo contrario, habría más gente prevenida).
En segundo término, hay que percatarse de que a través del control generalizado (felizmente hay excepciones) de los medios masivos de comunicación, -y de las agencias y mecanismos que los proveen de programas, publicidad, información y elementos de diversa índole-, es que se ha ido logrando la hegemonía en la sociedad civil (no olvidemos la diferencia entre hegemonía y dominio), saturando el "imaginario colectivo" o sentido común de sólo intereses y contenidos relativos a "este mundo", de forma tal que toda referencia a lo trascendente queda excluída o, en el mejor de los casos, arrinconada.
Un tercer punto sería descartar la ingenua (por decirlo suavemente) posición de quienes piensan que es compatible, y hasta deseable (?) el profesar juntas una cosmovisión cristiana y realista abierta a la metafísica y esta versión del marxismo supuestamente "deslavada", "soft", "democrática", etc., que sería el gramscismo. Ya hemos visto que es justamente todo lo contrario: es la modalidad más insidiosa, aviesa, sutil y engañosa no sólo del marxismo, sino de todo el pensar secularista, inmanentista y horizontalista presente en la Filosofía contemporánea, representando incluso su culminación, en cierto modo su forma más acabada, más allá de los Nietzsche, Foucault, Derrida, Vattimo, Lyotard, Rorty, Lipovetsky, Baudrillard, Luhmann, etc.
El cuarto aspecto a destacar es que el gramscismo representa el más agresivo, cáustico y disolvente ataque contra toda forma de religión trascendente, y en particular contra el catolicismo. Mucha de la descristianización actual obedece en buena parte a la acción destructiva y semioculta de los «intelectuales orgánicos» a la Gramsci, estratégicamente situados, cuya acción toda se encuentra encaminada a la "mutación del sentido común" teísta y cristiano a fin de que devenga su opuesto.
Ello implica su proyecto de "descomposición interna del catolicismo", de "hacer saltar la Iglesia desde dentro" y de liquidar totalmente el "antiguo concepto del mundo" ínsito en la cultura cristiano-católica.
Finalmente, hay que señalar que todo intelectual o pensador consecuente que adhiere a la cosmovisión cristiana, y por ende, acepta los principios metafísicos y epistemológicos de la filosofía realista, debe ser consciente de que pocas cosas contribuyen tanto al avance del secularismo como la defección de teólogos, profesores, pensadores, periodistas o escritores. Por lo cual habrá que pensar en congruencia con los principios que se dice profesar pero, no menos importante, habrá que también llevar una vida coherente que no desvincule e incomunique las distintas dimensiones de la vida humana. "Quien no vive como piensa, acabará pensando como vive".
Notas:
[1] Llama la atención cómo, existen personas que no habiendo jamás profesado simpatías por el marxismo, se dedican a coleccionar todo tipo de souvenirs de la desaparecida Unión Soviética.
[2] Alfredo Sáenz, S.J., Antonio Gramsci y la Revolución Cultural. Editorial APC, Guadalajara, Jalisco, México; 2001 6. P. 10.
[3] Marx por su parte, entendía por sociedad civil, un complejo de relaciones materiales y económicas; por lo tanto, la remitía a la
(infra)estructura.
[4] Aquí por "sentido común" no se entiende la noción clásica que consiste en el sentido que se deriva del conocimiento innato de los primeros principios, sino "como el modo común de pensar, el común sentir de la gente, que históricamente prevalece entre los miembros de la sociedad" (P. Alfredo Sáenz, íbid., p. 25).
[5] Sumariamente, negadoras de la trascendencia, de cualquier "más-allá".
[6] Rafael Gómez Pérez en la Introducción al libro de Augusto del Noce: Italia y el eurocomunismo: una estrategia para Occidente. Ensayos Aldaba. Madrid 1977. P. 18.
[7] Augusto del Noce; Italia y el eurocomunismo; una estrategia para Occidente. Ediciones Aldaba, Madrid 1977. P. 45.
[8] Giovanni Gentile (1875-1944). Filósofo y político italiano. Desarrolló el actualismo como continuación del pensamiento idealista de Hegel. Ministro de Cultura del gobierno de Mussolini.
8 bis Benedetto Croce (1866-1952). Filósofo, historiador y político italiano. Influído por Hegel y el marxismo.
[9] Gabriel S. P. Pautasso, en Gladius - Biblioteca del pensamiento católico, núm. 50, Pascua de 2001. P. 77.
[10] Sucintamente, contra la religión, al modo de la Alemania de Bismarck.
[11] Y del propio Gentile.
[12] Las tres últimas citas corresponden a la p. 269 de la Antología de Gramsci, publicada por Edit Siglo XXI. México 1977 3.
[13] Íbid., p. 272.
[14] P. Alfredo Sáenz, S.J., op. cit., p. 43.
[15] Íbid., p. 44.
El autor es profesor de la Maestría en Filosofía
Como se echó a perder mi barrio por la multiculturalidad

CÓMO SE ECHÓ A PERDER MI BARRIO POR LA MULTICULTURALIDAD, Peter Whittle,
Times (London)
Esta parte del Sureste de Londres nunca fue rica. Era un barrio de gente sencilla. El gran acontecimiento del barrio fue la apertura del primer McDonald del Reino Unido en el comienzo de los años setenta. Pero tenía algo parecido a una identidad colectiva. Ahora, se me antoja fragmentado, con distintas comunidades étnicas que viven unas junto a las otras, a veces de forma tensa, a veces de forma violenta y siempre con una sensación de vacío en el aire.
Como en todas partes en este país, los 40 y tantas negocios de mi barrio del Suroeste de Londres hace mucho que perdieron su tradicional carnicero, panadero y pescadero ante el avance imparable de las grandes superficies. Pero algo que no parecía muy necesario era un negocio ofreciendo transferencias internacionales de dinero.
Sin embargo, caminando hace poco a través de esta poco elegante pero segura calle en mi camino hacia la estación de Woolwich Arsenal, me dí cuenta de que entre las vitrinas de negocios de comida rápida, peluquerías especializadas y carnicerías nuevas, había tres nuevas de este tipo. ¿Tres tiendas entre 40? Debe existir una gran demanda de tales servicios.
Es un lugar bien distinto a lo que Rod Liddle bautizó en The Spectator la semana pasada como la “media luna de oro” de Londres. 10 millas al Norte de Woolwich este semicírculo de influencia (y prosperidad) se extiende de Ealing al Oeste, a través de Notting Hill y Hampstead, hasta Islington al Este. Es la sede de la élite periodística, académica y política del Reino Unido que decide sobre cómo deberíamos sentir sobre la multiculturalidad pero tiene una experiencia deformada de cómo funciona.
La postura oficial en la milla de oro de Liddle es que debemos congratularnos por la diversidad, lo cual es una conclusión sencilla si—con
independencia de su color de piel y tu país de nacimiento—tus vecindarios étnicamente heterogéneos son prósperos y comparten tu visión de las cosas. Y cualesquiera que los recelos que en privado pueda tener la gente, el pensamiento de grupo que se da cita en los restaurantes en torno al Norte de Londres asume que compartes su mensaje.
El estupendo panfleto de Anthony Browne sobre lo políticamente correcto, “La Retirada de la Razón”, describe de qué manera, a pesar de los frecuentes llamamientos en favour de “una discusión franca y completa”, cualquier debate real en Europa sobre multiculturalidad e inmigración ha sido relegado durante años—a veces, como en Holanda, con consecuencias desastrosas.
La consecuencia de haber silenciado los aspectos más negativos de la culturalidad y de haber rechazado su existencia como algo propio de un racismo loco, de forma que no pudiese hablar de ellos en público, está empezando a apreciarse. Al igual que la mayor parte de Londres, Woolwich—que un día fue asentamiento de una importante presencia militar—y su vecina Plumstead, han sido testigos de una afluencia de inmigrantes y peticionarios de asilo en los últimos años, sobre todo de miles de miles somalíes. Lo que un día fue un barrio predominantemente de clase media blanca con unas minorías bien integradas (sinceramente aceptadas) se ha vuelto completamente multirracial.
Esta parte del Sureste de Londres nunca fue rica. Era un barrio de gente sencilla. El gran acontecimiento del barrio fue la apertura del primer McDonald del Reino Unido en el comienzo de los años setenta. Pero tenía algo parecido a una identidad colectiva.
Ahora, se me antoja fragmentado, con distintas comunidades étnicas que viven unas junto a las otras, a veces de forma tensa, a veces de forma violenta y siempre con una sensación de vacío en el aire.
Es difícil no sentir que el boom de negocios de transferencias de dinero es precisamente un elemento que contribuye a aumentar la atmósfera de transitoriedad. Ahora a veces , en calles a las que estoy acostumbrado desde mi juventud en los años sesenta, estoy agobiado por la sensación de que este lugar ya no contribuye a otorgarme mis raíces identificables, que ahora sólo soy uno de los muchos que por casualidad viven aquí, sin un mayor vínculo histórico o sentimental al lugar que la persona de al lado.
Este anonimato puede ser lo que la gente esté buscando cuando eligen vivir en el centro de una gran ciudad, pero es un sentimiento difícil de asumir en un barrio de las afueras que ha visto la mayor parte de tu existencia. Qué más da, puedes decirte. ¿No es esto nostalgia de la peor clase? Es probable que tu rodilla se esté sacudiendo con fuerza. Esta no es la imagen que quieres presentar. Sólo se trata de un deplorable ataque a la multiculturalidad, un fanático rechazo a sumarse a la ovación universal en honor a la sonriente coalición arco-iris que constituye la capital.
Powellismo en estado puro (*por Enoch Powell).
Bueno, no exactamente. Como dice el viejo dicho, la definición de racista es cualquiera que le esté ganando al argumentar polemizar con un progresista—alguien que, después de todo, está acostumbrado a determinar las líneas principales de lo que será aprobado en el debate nacional, está aislado de las consecuencias de sus opiniones, y no le preocupa demasiado que le desafíen.
Pero a pesar de la creciente preocupación a izquierda y derecha por los efectos de la inmigración masiva y la multiculturalidad, la élite de oro que rige el país aún no se han hecho a la idea de que puede haber millones de personas a lo largo y ancho del país que son tolerantes en sus opiniones y que detestan las posturas extremistas, pero que están profundamente preocupados por la forma en la que sus barrios pueden verse afectados por estos cambios sociales y culturales de gran alcance, sobre los cuales apenas tienen ningún control.
La multiculturalidad puede parecer una idea estupenda en Islington, pero tal coexistencia pacífica está lejos de ser la norma en nuestras ciudades del Norte , y las quiebras en el barniz multicultural en las partes más pobres de Londres son cada vez más visibles.
Asesinatos estremecedores como el del joven Thomas ap Rhys Pryce (asesinado a palos sin motivo por cinco pakistaníes) hace que los blancos de clase media se encogan de miedo, que la fractura en la vida social de nuestras ciudades no concuerda con la adornada versión oficial.
Además, la opinión políticamente correcta de que todo conflicto racial tiene su origin en los prejuicios de los blancos hacia otros grupos étnicos, es desmentido por las tensiones existentes entre grupos no-europeos.
Sin duda Woolwich acogió hace un par de años al presentador negro Darcus Howe, que vino aquí para filmar un documental para el Canal 4 y encontró recelo, abusos y a veces violencia extrema entre hindúes y somalíes.
Deprimido, Howe—ciertamente no es alguien de la extrema derecha—se encontró con problemas similares entre jóvenes hindúes y pakistaníes en Walsall, en las afueras de Birmingham.
La realidad es que, si alguien se felicita por la diferencia lo suficiente, nadie eventualmente sentirá lo mismo sobre nada. En Londres, por ejemplo, existen más de 150 lenguas diferentes—una hecho evidente en el tren repleto en el que voy a casa todos los días.
Mientras que en algunos esto puede alagar su sentido de cosmopolitismo, ¿No es posible que para otros, en un contexto cotidiano, ello pueda conducir a una alienación inconsciente. Ya nunca más puedes hacer presunciones sobre tus vecinos, y con esto desaparece cualquier sentido de experiencia práctica compartida. También podrás estar menos seguro sobre la reacción de los otros—y, en un caso extremo, quizás mucho menos dispuesto a intervenir si ves que alguien está siendo atacado en el autobús por protestar por la conducta antisocial de otros, como ocurrió en Londres el año pasado. Podemos felicitarnos eternamente a nosotros mismos por la creación de un melting-pot, pero deberíamos ocuparnos más de que no se alcance mediante la alienación de muchos.
Francia Traicionada por la República

FRANCIA TRAICIONADA POR LA REPÚBLICA
por JEAN RASPAIL Le Figaro
Estoy convencido de que nuestro destino como franceses está sellado, porque «En mi casa están en su casa » (Mitterrand), en el seno de « una Europa cuyas raíces son tan musulmanas como cristianas» (Chirac), porque la situación es irreversible hasta el cambio definitivo de los años 2050, cuando los franceses de origen constituyan solamente la mitad (la más avejentada) de la población del país, estando compuesto el resto por africanos, magrebíes o negros y por asiáticos de todas partes originarios de la reserva inextinguible del tercer mundo, con el Islam , integristas y djihadistas incluídos, como elemento dominante, y esto no habrá hecho más que empezar.
He dado vueltas en torno al mismo tema como un perro amaestrado en torno a un paquete con trampa. Es difícil tratarlo de forma directa sin que os estalle en la cara. Se corre peligro de muerte civil. Se trata sin embargo de la pregunta fundamental. He tenido mis dudas. Sobre todo porque en 1973, al publicar El Campamento de los Santos ya he contado todo sobre el asunto. No tengo gran cosa que añadir, salvo que creo que el guiso ya está preparado.
Porque estoy convencido de que nuestro destino como franceses está sellado, porque «En mi casa están en su casa » (Mitterrand), en el seno de « una Europa cuyas raíces son tan musulmanas como cristianas» (Chirac), porque la situación es irreversible hasta el cambio definitivo de los años 2050, cuando los franceses de origen constituyan solamente la mitad (la más avejentada) de la población del país, estando compuesto el resto por africanos, magrebíes o negros y por asiáticos de todas partes originarios de la reserva inextinguible del tercer mundo, con el Islam , integristas y djihadistas incluídos, como elemento dominante, y esto no habrá hecho más que empezar.
No sólo Francia está concernida. Toda Europa camina hacia la muerte. No faltan las advertencias – informe de la ONU (que se alegra de ello), trabajos incontestables en especial de los demógrafos Jean-Claude Chesnais et Jacques Dupâquier –, pero son sistemáticamente ocultadas y la Oficina de Estadística juega a la desinformación. El silencio casi sépulcral de los medios de comunicación, de los gobiernos y de las instituciones comunitarias sobre la quiebra demográfica de la Europa de los Quince es uno de los fenómenos más importantes de nuestra época. Cuando se produce un nacimiento en mi familia o en casa de unos amigos, no puedo contemplar este bebé sin inquietarme por lo que le está preparando la incuria de los gobernantes y lo a lo que deberá hacer frente en su fase adulta...
Hay que contar con que los franceses de origen, machacados por el tam-tam incesante de los derechos humanos, de la « acogida al distinto », del «compartir» tan grato a nuestros obispos, etc., encuadrados por todo un arsenal represivo de leyes supuestamente «antiracistas», condicionadas desde la primera infancia al « mestizaje » cultural et de comportamiento, a los imperativos de la «Francia plural» y a todas las derivas de la antigua caridad cristiana, no tendrán otra salida que bajar la cerviz y fundirse sin rechistar en el nuevo molde de “ciudadano” francés del. De todas formas no hay que desesperar del todo. Sin duda subsistirán lo que en etnología se denominan islotes, fuertes minorías, quizá una quincena de millones de franceses y no necesariamente todos de raza blanca que aún hablarán nuestro idioma en su integridad y que se empañarán en permanecer fieles a nuestra cultura y nuestra historia tal como nos han sido transmitidas de generación en generación. Esto no les resultará fácil.
Frente a las distintas “comunidades” cuya formación estamos presenciando sobre las ruinas de la integración (o mejor dicho, a la inversa : somos nosotros los que nos estamos integrando al “distinto” y no al revés) y que en 2050 estarán definitiva y sin duda institucionalmente establecidas, se tratará de alguna forma de una especie de comunidad francesa de la continuidad. Esta se basará en las familias, su natalidad, su endogamia de supervivencia, sus colegios, sus redes paralelas de solidaridad, quizá incluso en sus zonas geográficas, sus porciones de territorio, sus barrios, sus plazas de seguridad y, por qué no, su fe cristiana, y con un poco de suerte católica, si este cimiento consigue sostenerse.
Esto no gustará. El choque se producirá tarde o temprano. Algo como la eliminación de los kulaks por medios legales apropiados. ¿Y después?
Acto seguido Francia no estará poblada más que por ermitaños de todo tipo de procedencias que vivirán en conchas abandonadas por los representantes de una especie extinguida para siempre que se llamaba la especie francesa, y que en absoluto recordaba a la que, debido a no se sabe qué extraña metamorfosis genética, se había apoderado de su nombre. El proceso ya ha comenzado.
Existe otra segunda posibilidad de la que no podría hablar más que en privado y que necesitaría que consultase con mi abogado, consistiría en que los islotes resistiesen hasta emprender una especie de Reconquista sin duda diferente a la española pero que se inspire en sus mismas causas. Sobre este tema esta por escribir una peligrosa novela. No soy yo quien se encargará de escribirla, ya he hecho bastante. Su autor probablemente aún no ha nacido, pero este libro verá la luz en un momento dado, de ello estoy seguro.
Lo que no llego a comprender y que me sume en un estado de perplejidad, es cómo y por qué tantos franceses informados y tantos políticos coinciden de forma metódica, contumaz, no me atrevo a decir que cínica, a la inmolación de cierta Francia (evitemos el calificativo de eterna que revuelve las buenas consciencias) en el altar del humanismo utópico exacerbado. Me planteo la misma pregunta a propósito de todas esas omnipresentes asociaciones de derecho a esto y a aquello, y de todas esas ligas, esas sociedades de pensamiento, esas oficinas subvencionadas, esas redes de manipuladores infiltrados en todos los engranajes del estado (educación, magistratura, partidos políticos, sindicatos, etc.), esos incontables demandantes, esos medios de comunicación correctamente consensuales y todos esos « inteligentes » que día tras día inoculan impunemente su sustancia anestesiante en el organismo aún sano de la nación francesa.
Incluso si soy capaz, como mucho, de concederles algo de sinceridad, me cuesta admitir que se trata de mis compatriotas. Se percibe en mi imaginación la palabra renegado, pero existe otra explicación : confunden Francia con la República. Los « valores republicanos » se declinan en infinitivo, lo sabemos hasta la saciedad, pero nunca hacen referencia a Francia. Sin embargo Francia es ante todo una patria carnal. Por el contrario, la República, que no es más que una forma de gobierno, es para ellos sinónimo de ideología, ideología con una gran « I », la ideología en mayúscula. Tengo la sensación de que traicionan, en cierto modo, la primera por la segunda.
Entre la marea de referencias que acumulo en gruesos expedientes de apoyo de esta tesis, he aquí que bajo una apariencia inocente aclara en gran medida la extensión de los daños. Está tomada de un discurso de Laurent Fabius al congreso socialista de Dijon, el 17 de mayo de 2003 : « Cuando la Mariana (figura femenina símbolo de la república francesa) de nuestros ayuntamientos adopte el bello rostro de una joven francesa procedente de la inmigración, ese día Francia habrá dado un paso en la dirección de hacedr vivir plenamente los valores de la República... »
Ya que hemos empezado con las citas, he aquí dos, para concluir: « No existen bombas atómicas en el mundo para detener la marea formada por los millones de seres humanos que un día partirán de la parte meridional y pobre del mundo, para irrumpir en los espacios relativamente abiertos del rico hemisferio septentrional, en búsqueda de supervivencia. » (Presidente de Argelia Bumedian, marzo de 1974.)
Y esta otra, tomada del Canto XX del Apocalipsis : « La era de los mil años se acaba. He aquí que salen las naciones que están en los cuatro rincones de la tierra y que igualan en número a la arena del mar. Saldrán de expedición sobre la superficie de la tierra, irrumpirán en el campamento de los santos y en la ciudad bien amada. »
Cuidado: Los nuevos godos están llegando

Cuidado: Los nuevos godos están llegando
The Sunday Times.
Uno de los principales estategas militares británicos ha advertido que la civilización occidental se enfrenta a una amenaza comparable a la de las invasions bárbaras que destruyeron el Imperio Romano.
En una vision apocalíptica de los peligros que corre el orden público, el almirante Chris Parry ha afirmado que las migraciones del futuro son comparables a las de vándalos y visigodos al tiempo que los los bárbaros” piratas africanos harán incursiones atacando playas y Yates en el Mediterráneo dentro de 10 años.
Uno de los principales estategas militares británicos ha advertido que la civilización occidental se enfrenta a una amenaza comparable a la de las invasions bárbaras que destruyeron el Imperio Romano.
En una vision apocalíptica de los peligros que corre el orden público, el almirante Chris Parry ha afirmado que las migraciones del futuro son comparables a las de vándalos y visigodos al tiempo que los los “bárbaros”
piratas africanos harán incursiones atacando playas y Yates en el Mediterráneo dentro de 10 años.
Europa, incluído el Reino Unido, podrá ser minada por amplios grupos de inmigrantes con poca lealtad hacia los países que les acogen — una 'coloniación a la inverse” ha declarado Parry. Estos grupos estarían conectados a sus países de origen a través de internet y de vuelos baratos.
La idea de asimilación ha pasado de moda, afirmó. Las advertencias de Parry sobre lo que amenazará al Reino Unido durante los próximos 30 años fueron lanzadas en una conferencia dada la semana pasada a altos funcionarios y profesionales del mundo de la industria.
Parry, Jefe del Departamento de doctrina, conceptos e y desarrollo del Ministerio de Defensa, tiene como tarea identificar los retos a los que se verá enfrentada la seguridad nacional en el futuro. Afirmó asimismo que un deterioro medioambiental y una explosion demográfica, ligados a la tecnología y al islam radical, podría provocar un colapso en la seguridad nacional.
El resultado para el Reino Unido y Europa “ compararse al Imperio Romano en el siglo V haicendo frente a los godos y los vándalos'. Parry advirtió sobre el desastre puede provocar la inmigración masiva del tercer mundo. 'El tema de la inmigación es uno de mis mayores preocupaciones actualmente,' afirm. '´La globalizació hace que la asimilación se haya convertido en algo desfasado y pasado de moda.. . (El proceso) actúa como una colonización a la inversa, en que losciertos grupos de población van y vienen de su país de origen, aprovechando sofisticadas redes y utilizando teléfonos e internet para comunicaciones instantáneas.
' La inestabilidad en el tercer mundo puede salpicar a las orillas de Occidente si los turistas son atacados por piratas desde barcos nodriza. 'A partir de algún momento a lo largo de los próximos diez anos puede no ser seguro navegar en yate entre Malta y Gibraltar,' afirmó el almirante. Parry, de 52 años, un licenciado en Oxford que fue mencionado en alguna orden del día durante la Guerra de las Malvinas, no pretende que todas las amenazas se materialicen.
Advierte, sin embargo, de que tendrán lugar si los políticos no atajan el problema. Parry — que utilizó el slogan ' perro Viejo, nuevas trampas' cuando utilizó el buque de asalto HMS Fearless — pronostica las futuras fuerzas armadas con robots, nanotecnología, lasers, armas de microondas, sistemas aeroespaciales e incluso bombas de neutrones y nucleares.
Lord Boyce, el antiguo Jefe de Estado Mayor, dió la bienvenida al análisis de Parry. 'Este análisis muestra que nos enfrentamos a desafíos de envergadura,' afirmó. “El auténtico problema es que sean tomados en serio por los politicos principales.' La Antigua Roma ha sido objeto de discussion este año.
El periodista y diputado conservador, ha producido un libro y una serie de television que traza los paralelos entre la Unión Europea y el Imperio Romano. Terry Jones, la antigua estrella de Monty Python, ha hablado a favor de los adelantos tecnológicos y sociales de los bárbaros en una serie de elevisión y ha escrito : “De hecho le debemos más a los llamados “bárbaros” que a los hombres con toga” .
Parry, que reside en Shrivenham, Wiltshire, expuso su punto de vista en el Royal United Services Institute del centro de Londres. Identificó los potenciales puntos de encuentro más peligrosos mostrando en mapas las regions más amenazadas por elementos como el declive económico, la explosion demográfica de las nuevas generaciones , escasez de agua, niveles dl mar en aumento e islam radical.
Parry pronostica que si una sequía tiene lugar en el futuro , las zonas más afectadas serán Africa, sobre todo el Norte de Africa; la mayor parte de Oriente Medio y Asia Central hasta el Norte de China; una franja desde Nepal a Indonesia y quizás China oriental. Senala los años comprendidos entre 2012 y 2018 como el periodo en que la actual estructura de poder puede venirse abajo.
Naciones emergentes como India, Brasil e Irán desafiarán el estatus de los Estados Unnidos como única superpotencia. Surgirán como hongos “actividades ilícitas” como terrorismo, crimen organizado y “empresas blancas” de mercenarios en áreas sin ley.
El fenómeno se amplificará si las fronteras se vuelven más permeables y algunos territorios dejan de estar bajo control efectivo del gobierno. Parry calcula que la población mundial llegue a 8.4 miles de millones en 2035, frente a los 6.4 mil millones actuales. Para esta fecha el 68% de la población sera urbana, con algunas megalopolis gigantescas que se volverán ingobernables.
Cita Méjico distrito federal como ejemplo. En un esfuerzo por controlar el aumento de población, algunos países pueden verse tentados a copier la política china de “un hijo por pareja”. Esto, unido a la extendida preferencia por los hijos varones, podría conducir a una proporción de 150 chicos por cada 100 chicas que se da en algunos países.
Esto provocará peligrosos peligrosos excedentes de jóvenes varones con pocas expectativas económicas y ninguna companía femenina. 'Cuando se combinan las bajas expectativas de llegar a una vida familiar con una juventud masculine y privaciones económicas se tiende a una situación conflictive, caracterizada por la criminalidad organizada y los bandas juveniles,' afirmó Parry. 'Cuando uno piensa que hay 20.000 autodenominados jihadistas en Irakq, da miedo pensar lo que puede ocurrir después.' La competencia por los recursos, alega Parry, puede conducir a una “guerra industrial” si los países con una población masculina numerosa y en aumento mobilizan sus
ejércitos, incluyendo caballería, al tiempo que adquieren tecnología bélica de los países occidentales.
Los subsiguientes movimientos de población, aduce Parry, podrían conducir a un “escenario romano”. El Imperio Romano de Occidente colapsó en los siglos cuarto y quinto cuando grupos de ostrogodos, visigodos, suevos, hunos y vándalos aparecieron en las fronteras.
Parry estimó en la conferencia que ya existían más de 70 grupos étnicos diferentes en le Reino Unido. Cree que en eI futuro, numerosos grupos étnicos establecidos en el Reino Unido y Europa pueden desarrollar “comunidades de interés” de ideas antioccidentales.
Cualquier ventaja tecnológica desarrollada para gestionar estas amenazas no puede ser duradera. 'No creo que podamos ganar en el ciberespacio (es como el tiempo) pero necesitamos disponer de sombrero y paraguas para gestionar los efectos,' anadió Parry. Algunas de las consecuencias pueden ir más allá de lo que pueda concebir la imaginación humana. Los ejemplos que dió , incluyen: 'Ninguna corriente de aire que sople en la tierra o en el mar; un tercio de la población fallece instantáneamente; oscuridad perpetua; el Éufrates se seca “para abrir el camino a los reyes de Oriente; se abre”; se abre la corteza terrestre.'
EMINENTE ESTRATEGA El almirante Chris Parry es el principal pensador de las fuerzas armadas. Parry acudió en su juventud al colegio de los Jesuitas de Oxford. Durante la Guerra de las Malvinas fue mencionado en algunas órdenes del día mientras servía en la flota aerotransportada a bordo del destructor
HMS Antrim. Parry es uno de los principales especialistas en Guerra amfibia. Llegó a ser responsible de los ejercicios anfibios en la base naval de Portsmouth y mandó una fuerza anglo-holandesa antes de ocupar su puesto actual en el Ministerio de Defensa. El almirante se ocupa del centro de doctrina, conceptos y desarrollo, puesto en marcha en 1998.
Las razones para rechazar la candidatura turca

Las razones para rechazar la candidatura turca
Alexandre del Valle le Fígaro
Decir que Turquía es históricamente europea es tan real como decir que Francia es africana: como ex - potencia colonial. Turquía no es europea ni por su geografía (excepto Estambul y Trace) ni por sus tradiciones (endogamia islámica, crímenes de honor, discriminaciones etno-religiosas, etc.) o su conciencia civilizacional. Los turcos se definen como un pueblo asiático cuya Edad de Oro es el apogeo del emporio otomano, y si una ínfima parte kemalista o los barrios privilegiados de Estambul se sienten europeos, los habitantes de las villas de emergencia de Estambul o de Ankara y de Anatolía se reconocen mas como vecinos de Irak que dentro del Europeo del Norte o dentro del Griego cristiano.
Segundo, invocar la " irreversibilidad " de la candidatura turca bajo pretexto que Ankara firmó un acuerdo de asociación en 1963, es miembro de la OTAN y del Consejo de Europa, o por una " promesa ", no sirve. La OTAN y el Consejo de Europa no son salas de espera para una futura entrada en la Unión. Respondiendo a la demanda oficial de Ankara para su integración, (1987), rechazada, el Parlamento europeo había votado una resolución - ocultada hoy en día - exigiendo antes en vano el reconocimiento del genocidio armenio, la mejoría del trato de la minorías religiosas y kurdas y el retiro de Chipre.
Es entonces Ankara quien no cumplió con las obligacions y no al revés. Lejos de ser algo debido, el proceso de integración de Turquía puede ser interrumpido en cualquier momento con la decisión de Bruselas o por veto de un país miembro.
Tercero, decir que " hay " que integrar a Turquía con el propósito de demostrar que Europa no es un " club cristiano " y de no " rechazar " un candidato islámico es absurdo: ¿le pedimos a la Liga árabe de integrar a Israel o a India para mostrar que no es un " club musulmán "? Este mal juzgamiento intercambia los roles, porque es Turquía quien debe mostrar que no es un " club musulmán ": hay más Turco-musulmanes en París que Cristianos en toda Turquía (100 000), país " purificado " musulmán al 99% desde el genocidio de 1,5 millones de cristianos armenios y assyro-caldeanos (1916) y la expulsión de 2 millones de Griegos en 1922, hechos que nunca fueron un esfuerzo en recordar, el negacionísmo del genocidio siendo enseñado en las escuelas. Ankara continúa negando las minorías assyro-caldeanas, católicas y aleves.
Cuarto, decir que Turquía sigue siendo una " excepción laica " y un aliado natural contra el islamismo gracias a la herencia de Atatürk es falso: Turquía moderna autoriza y reclama todo lo que rechazaba Kémal: el velo, los partidos islámicos, las Fraternidades, las clases de teocracia obligatorias.
Sus leyes contra la blasfemia condenaban hasta Atatürk! El kemalismo conoció un paro del 50' al 60', con los gobiernos de Menderes y Demirel, y murió políticamente bajo Turgut Ozal, ese gran artesano de la re-islamización que sacó el artículo 163 que impedía a los partidos islamistas. ¿Como podemos sostener que un país con el 70% de mujeres usando el velo, donde el Estado apoya a 90 000 imanes y miles de mezquitas, menciona la religión sobre el documento de identidad, impide la alta función publica y militar a los no musulmanes, y que es dirigida por un partido (AKP) proveniente de un movimiento islamista victorioso en las elecciones desde el principio de los
90' (las grandes municipalidades son casi todas dirigidas por islamistas desde 1995), es todavía un país laico? Sacada de los textos, la Charià quedó grabada en todas las mentes de aquellos que votaron por el AKP, o que leyeron el best-seller de su director de campaña, Dilipak, llamado ¡Viva la Charià!
Quinto, nos explican que los islamistas turcos al poder son " moderados " y pro-occidentales y que mantendrán uniones con la OTAN e Israel. Es olvidar fácilmente los propósitos del Primer Ministro Erdogan o de su ministro de asuntos extranjeros, el pro-saudita Abdullah Gül, justificando la poligamia en un auditorio del SDP alemán, explicando que " la democracia no es una meta sino un medio ", o felicitándose de haber recibido en Estambul el jefe terrorista afgano Gubuldin Hekmatyar. En cuanto a las uniones con Israel, Erdogan avisó que las rompería si Sharon continuaba a " perseguir a los Palestinos ".
Los aliados americanos saben ellos también desde la guerra en Irak que Turquía re-islamizada no cooperara nunca más como antes.Sexto, nos explican que hay que integrar a Turquía para " ayudarla a ser más democrática ". La Unión europea es ciertamente un espacio de paz y de democracia, pero esta situada desde un punto de vista civilizacional, entonces naturalmente " reservada " para los pueblos de cultura Judea-Cristiana marcadas por el pensamiento griego-latino situados en Europa, lo que hace ya bastante gente más a democratizar antes que Turquía, Urania, Bielorrusia y Rusia siendo infinitamente mas europeos que Turquía.
Toda entidad geo-política debe tener límites claros, de lo contrario, tenemos un fenómeno neo-imperial que tiende a extenderse hacia el infinito. Los estudios de la Comisión (5 de noviembre del 2003) o del Parlamento europeo (Oostlander del 17 de abril) mostraron que si Turquía realizó reformas escritas, estas nunca se aplicaron: los kurdos siguen sin tener derechos, los tribunales confirmaron la condenación de diputados kurdos a 15 años de prisión; las fundaciones religiosas cristianas todavía no pueden recibir dones; los delitos de opinión son todavía mas severamente condenados que los " crímenes de honor "; las tropas militares siguen turcas aún ocupan
Chipre y el genocidio armenio es mas que nunca negado (monumento de 45m, construido recientemente a lo largo de la frontera armenia, conmemora el " genocidio de 150 000 Turcos musulmanes por los Armenios ").
Si Europa nada más tuviese que tener la única identidad de " derecho del hombre ", entonces el reconocimiento del genocidio armenio y el levante del bloqueo aéreo-turco que ahorca Armenia deberían figurar en primera plana de les criterios de " Copenhague ". Veamos entonces ahora las consecuencias de la integración de Turquía en la UE:¿Nuestros dirigentes tienen siquiera conciencia que Turquía en Europa sería el estado preponderante de la Unión: desde el 2020, Ankara tendría 100 diputados turcos mayoritariamente islamistas en el Parlamento europeo (contra 72 para Francia y 98 para Alemania); sería la primera potencia militar y demográfica de la Unión
(pronto 100 millones de habitantes y 850 000 soldados)?
La integración de Turquía en la Unión abrirá la caja de Pandora del alargamiento. ¿Por qué rechazar entonces los 200 000 millones de
turco-hablantes del Caucáseo y de Asia central o los estados del Maghreb? La UE heredará de todos los contenciosos geo-políticos (agua, fronteras, minorías, etc.) que Turquía tiene con sus vecinos. Sin olvidar los tráficos de droga, de armas y de inmigrantes clandestinos de los cuales es un actor principal.
¿Nos damos cuenta que la Unión tendrá como vecinos directos el Irán de los Mollah y Siria, padrino del Hezbollah; Irak, del Jihad anti-occidental de Al-Qaïda; Azerbaiján y Georgia, puntos de pasaje de los islamo-terroristas del Jihad tchetcheno? Aún, los partidarios de la candidatura turca afirman que esto nos permitirá conjeturar el choque de civilizaciones y de pelear la amenaza islamista.
Europa será una suerte para la democracia turca, nos dicen. Será sobre todo una suerte para los islamistas turcos, que hasta ahora están condenados a edulcorar su programa y a soportar la alianza con América e Israel mientras los militares controlan el país. Jades, odiado por Erdogan, el club cristiano es ahora el único aliado objetivo exterior capaz de imponer el desmantelamiento del poder militar-kemalista, esto con la perspectiva de limpiar el afrontamiento de 1923 durante la abolición del Califa y de la Charià después de haber casi terminado la dekemalisación del país. ¿Nada mas que para preservar la excepción kemalista tanto evocada por los turco-eufóricos, los dirigentes europeanos tendrían que pensar dos veces antes de empezar un proceso que no podrán controlar, como ayer en Irán, cuando el Occidente le impidió a Shah de reprimir la revolución islamo-khomeinista.
Alejandro del Valle, geo-politólogo, acaba de publicar en la ediciones de
Syrtes ¿Turquía en Europa, un caballo de Troya islámico?
La inmigración no europea hipoteca de nuestra identidad

Informe. La inmigración no europea hipoteca seriamente la posibilidad de
afirmación de una identidad común europea.
La Unión Europea no será una superpotencia más que a condición de que exista una identidad afirmada y común. La inmigración no europea hipoteca seriamente la posibilidad de afirmación de una identidad común y alerta sobre la perspectiva de una desaparición , en este siglo, del substrato cultural de Europa.
Son las conclusiones del Instituto Thomas More y el Instituto Europeo de Investigación, Estudios y Formación, ligados al Ministerio de Defensa francés y a la Comisión Europea . Iniciativa Habitable te ofrece en exclusiva la traducción de este importante informe.
El texto de esta “Tribuna” está sacado de una conferencia que Aymeric Chauprade pronunció en el coloquio internacional “Las migraciones en los países mediterráneos: problemas demográficos, políticos y culturales”, organizada en Roma el 11 de noviembre de 2004. Este coloquio fue organizado por el Instituo Thomas More y el Instituto Europeo de Investigación, Estudios y Formación, ligado al Ministerio de Defensa francés y a la Comisión Europea .Establecido en Bruselas, París, Roma y Budapest, reúne personalidades de numerosos países europeos, el Instituto Thomas More es un Think Tank independiente.
Difunde informes, recomendaciones y estudios realizados por los mejores especialistas ante los responsables políticos y económicos y los medios de comunicación internacionales.El Instituto Thomas More es a la vez un laboratorio de ideas y nuevas propuestas, un centro de investigación y un medio de influencia.
El sueño (ensueño) de una “superpotencia europea” agita, desde hace al menos 30 años, las inteligencias más brillantes de nuestros viejos países agotados. Desde qué punto de vista, con qué objetivos, bajo qué modalidades, a través de qué medios: el debate es más bien flojo, es lo menos que puede decirse…
Pero algo está claro: la Unión Europea no será una superpotencia más que a condición (necesaria pero suficiente) de que exista una identidad afirmada y común. El objeto de esta “Tribuna” es el de demostrar que la inmigración no europea hipoteca seriamente la posibilidad de afirmación de una identidad común y alerta sobre la perspectiva de una desaparición , en este siglo, del substrato cultural de Europa.
EL DESPLOME DEMOGRÁFICO DE EUROPA
La población de la Europa de la ampliación se caracterizaba ya por constituir la población más envejecida del mundo. En 2004, la proporción de menores de 20 años es inferior a la de los mayores de 60 años. Esta situación se evidencia más aún por la comparación del envejecimiento demográfico entre regiones. Esta proporción es igual al cociente de la “post-fecundidad”, es decir el número de seniors (mayores de 50 años) respecto a la cantidad de menores de 20 años. Para la Europa de antes de la ampliación esta proporción es de 1,5 y, si se examina con detalle el envejecimiento por nación, las situaciones más graves son las de Italia (1,85) y de Alemania (1,7) mientras que Francia tiene una proporción de 1,28, es decir, inferior a la media europea. Dicho de otra forma, para la Europa anterior a la ampliación, la tercera edad está presente en más de un 50% que la juventud y para algunos países, como Italia y Alemania, se tiende
a 2 seniors por cada joven.
Observemos estas cifras en Norteamérica, en el espacio ALENA. La proporción es de 0,74, lo que significa que los menores de 20 años son más numerosos que los mayores de 50. La demografía norteamericana es pues mucho menos declinante que la de Europa.
En Europa, la tercera edad es un 50% más numerosa que la juventud y en algunos países, como Italia y Alemania, se tiende a los 2 seniors por cada joven.
En cuanto a las regiones económicamente emergentes como India y China, su entrada en la fase de envejecimiento es mucho más reciente que la nuestra ; la juventud sigue siendo numerosa : en China , hay casi dos veces más menores de 20 años que mayores de 50 (la proporción es de 0,34). El récord de jóvenes lo ostentan los países musulmanes (muy distintas sin embargo las proporciones entre el mundo árabe, asiático y africano), cuya proporción de envejecimiento demográfico es de 0,22 (es decir, una proporción de jóvenes cinco veces más representada que la de los seniors).
El derrumbe de la fecundidad es un fenómeno que afecta a todo el planeta, con excepción del Africa sub-sahariana, que aún no ha entrado en el proceso de inversión de la pirámide de edades. Pero si todo el planeta (salvo el Africa subsahariana) se encuentra en un proceso de inversión de esta pirámide, es importante destacar que son los europeos quienes han entrado en él los primeros. A lo largo de la historia, sin embargo, la diferencia entre las distintas áreas geográficas es decisiva, pues los flujos migratorios siempre se han dirigido de las zonas más jóvenes a las zonas de más edad. Es el excedente demográfico europeo a finales de la Edad Media el que ha provocado la repoblación del continente americano a partir del siglo XVI. Interesémonos pues en esta diferencia de ritmos demográficos entre áreas geográficas diferentes. La inversión de la pirámide de edades significa que la proporción de mayores de 60 años se vuelve superior a la de los menores de 20 años. Desde 1965, Suecia ha entrado en la inversión de pirámide demográfica ; el conjunto de la Unión Europea a principios de los años 80, Rusia en 1995, ALENA y China deberían entrar en torno a 2010, Africa del Norte en torno a 2030 y el conjunto del mundo musulmán a principios de la década del 2040.
La Unión Europea se enfrenta pues a un reto demográfico de primer orden : su propia supervivencia está en juego pues se ha vuelto “vieja” en el momento en que todos sus rivales geopolíticos son aún “jóvenes”.
La explicación a este envejecimiento acelerado no reside sin embargo solamente en la prolongación de la duración de la vida, consecuencia del desarrollo material de Occidente. En gran parte, es consecuencia de un desplome de la natalidad. De los 25 países de la Unión Europea, 17 (incluídos los de Europa Central) conocen en efecto un excedente de fallecimientos en proporción a los nacimientos.
Hace 30 años, en los territorios europeos que correspondían a la Europa de los 15 y que contaban entonces con 330 millones de habitantes, el número anual de nacimientos era superior a los 6 millones. En estos países se ha derrumbado, pasando de 6 a 4 millones, en tanto que la población europea en su conjunto crecía en 50 millones. Otra cifra llamativa: con sus 380 millones de habitantes, la Europa de los 15 no superaban a los Estados Unidos con sus 295 millones de ciudadanos.
Sin embargo la ampliación no ofrece ninguna solución al problema de la falta de natalidad. Al contrario, lo agrava. Europa del Este pierde anualmente 200.000 habitantes. Y la Unión Europea, verá descender su población en su conjunto de aquí a los próximos 25 años: de 458 millones de habitantes con que cuenta en la actualidad, pasará a 469,5 en 2025 (más o menos un 2%), y a 468, 7 millones menos en 2030. La situaciones aún peor en Europa en su conjunto. Rusia; Ucrania y Bielorrusia pierden entre todas 1,2 millones de habitantes al año. (A propósito de Rusia: “El mayor país del mundo pasará de 144 millones de habitantes en 2002 a 105 millones en 2050. Nigeria, el
Congo, Etiopía, la superarán. Ya no existen subvenciones familiares, ni marcos de referencia, ni infraestructuras. A pesar de toda su riqueza potencial, no queda más que la desesperanza. Es el agujero negro del mundo. Putin ha afirmado: “Estamos experimentando: la falta de natalidad.”).
La ampliación de Europa a 25 miembros no aporta ninguna solución al problema de la falta de natalidad. Todo lo contrario, lo agrava. Cada año, la Europa del Este pierde 200.000 habitantes. Estamos pues asistiendo a un fenómeno masivo de despoblación de Europa por
parte de sus poblaciones autóctonas, siendo la falta de natalidad la causa de envejecimiento o disminución de la población.
La repoblación de Europa por poblaciones no europeas. De forma paralela al retroceso de sus poblaciones de origen, la Unión
Europea se enfrenta desde el último tercio del siglo XX a otro desafío principal: el establecimiento en masa en los territorios nacionales de
poblaciones de origen no europeo. De forma muy lógica, los emigrantes vienen a compensar (parcialmente) la despoblación europea.
Dos áreas geográficas se distinguen en Europa desde este punto de vista: por una parte, la nueva Europa, la de la ampliación, que se está despoblando a una gran velocidad y que apenas se ve afectada por los flujos migratorios extra-europeos ; por otro lado, Europa Occidental, la que se denomina a veces “vieja Europa” pero que no es históricamente más antigua que la “nueva”.
Su crecimiento natural (resta de los fallecimientos a los nacimientos) no asciende, para la Europa de los 15, a más de 400.000, en tanto que su saldo migratorio anual es del orden de 1,6 millones de personas. Dicho de otra forma, la inmigración (legal) es 4 veces más importante que el crecimiento natural de los ciudadanos europeos (que evidentemente no son únicamente los europeos de origen). Si la inmigración progresa 4 veces más rápido que el crecimiento natural (el cual, no hay que repetirlo, contabiliza la natalidad de los inmigrantes llegados en los años precedentes), se puede concluir que la población europea está siendo reemplazada, en un periodo histórico relativamente corto, por poblaciones no europeas.
Oficialmente, según Eurostat, la Unión de los 15 contaba con 15 millones de extranjeros no europeos que no disfrutan de la ciudadanía de un país miembro. Lo cual representa en torno a un 4% de la población de este conjunto. Pero esta cifra no tiene en cuenta las poblaciones no europeas, muy numerosas, que han obtenido la ciudadanía de uno de los países de la Unión. No disponemos de cifras seguras a escala europea porque, en sus estadísticas oficiales, varios países no distinguen a los ciudadanos de acuerdo con su origen étnico una vez que han adquirido la nacionalidad.
Consideremos el caso francés, uno de los países más afectados por los flujos migratorios no europeos. Disponemos de cifras recientes del INSEE (Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos). Oficialmente, el 9% de la población francesa metropolitana procede de Africa y Eurasia (Turquía). Este 9% asegura el 16% de los nacimientos en Francia (que dan acceso a la nacionalidad francesa), es decir, 110.000 nacimientos. Una proyección para 2030 se basa en lo siguiente: dentro de 25 años, Francia contará con 10 millones de residentes legales de origen no europeo, lo que representaría un 15% de la población (pasaríamos pues de un 9% a un 15%) y 30% de los nacimientos. Dicho de otra forma, en el 2030 un tercio de la “futura Francia” sería de origen no europeo. En estas condiciones, parece seguro que a finales de siglo, la población de Francia sería en su gran mayoría de origen no europeo, estando los últimos “galos” a punto de morir.
En Francia, las autoridades detienen al año unos 10.000 ilegales y estiman que no se trata más que de un 10% de los flujos ilegales. Los optimistas estiman que se producen 100.000 entradas ilegales al año, los pesimistas creen que 300.000.
Sin embargo, hasta ahora no hemos tenido en cuenta más que la inmigración legal, contabilizada oficialmente y sostenida por los “estados de bienestar” europeos.
La inmigración ilegal es un fenómeno que pesa también al lado de junto a la inmigración legal, y esto de manera creciente puesto que se acelera en todos los países europeos. En Francia, las autoridades detienen de media anualmente a 10.000 ilegales y estiman que no se trata más que un 10% de los flujos migratorios. Los optimistas estiman que se producen 100.000 entradas ilegales al año, los pesimistas creen que 300.000. Según Maxime Tandonnet, especialista del Ministerio de Interior francés en flujos migratorios, más de 600.000 inmigrantes ilegales viven en Francia actualmente.
Las puertas de Europa a la inmigración ilegal son el Mediterráneo Occidental y el Mediterráneo Oriental. Cada día cientos de candidatos a inmigrante ilegal tratan de atravesar el estrecho de Gibraltar, los enclaves españoles de Ceuta y Melilla en el Norte de Africa. La tasa anual de partida en Marruecos es del 15% de los hombres válidos, es decir 7,5 veces la media mundial de tasa de emigración por país (2%). Los que fracasan al ser detenidos y repatriados, cuando no mueren en circunstancias dramáticas (naufragios, asesinatos a manos de los traficantes de ilegales), lo intentan de nuevo por las Canarias.
En el Mediterráneo Oriental, la principal plataforma de acceso es Grecia (frontera greco-albanesa), procediendo la inmigración ilegal de tres fuentes diversas: los territorios de la antigua Yugoslavia devastadas por la guerra y la limpieza étnica, Oriente Medio, Lejano Oriente. Los flujos de inmigrantes que llegan a Grecia impresionan por su amplitud. En tanto que Grecia no cuenta con más de una docena de millones de habitantes, ha rechazado a lo largo de una decena de años a más de 2 millones de ilegales, es decir , el equivalente a un quinto de su población ; en comparación, es como si Italia hubiese rechazado a 11 millones de ilegales.
Las autoridades de Ankara detienen unos 100.000 ilegales al año y la presión ejercida sobre Turquía a través de Asia Central y Oriente Medio es formidable.
Citemos aquí a Rosseto Fabiola, economista laboral y experto en inmigración de la Universidad de Ankara: “He calculado que los extranjeros ya representan en Grecia el 7,5% de la población y que su crecimiento es exponencial, de 12 a 14 veces superior a las cifras que manejábamos hace 10 años.” Sin embargo, más que Grecia, es Turquía la plataforma de proyección
de la inmigración ilegal hacia la Unión Europea. Las autoridades de Ankara detienen unos 100.000 ilegales al año y la presión ejercida sobre Turquía a través de Asia Central y Oriente Medio es formidable.
En el Mediterráneo Oriental, la inmigración no llega sólo a través de Grecia o Turquía, sino directamente a través de Italia: a través de las fronteras de Eslovenia (de 30 a 40.000 detenciones anuales según el fiscal de Trieste); a través del canal de Otrante y Sicilia miles de ilegales albaneses o tunecinos intentar entrar en la Unión Europea.
Los europeos están pues padeciendo un doble fenómeno demográfico. Envejecen porque ya no producen más niños y están siendo poco a poco reemplazados en sus tierras natales y las de sus antepasados por poblaciones africanas y asiáticas mucho más jóvenes y fecundas, esto de forma legal (una inmigración asumida por razones tanto económicas como ideológicas) como ilegal. Prisioneros de su sentimiento de culpabilidad, habiendo interiorizado la ideología del fin de la historia, rechazan retomar el destino en sus manos.
Sin embargo la dinámica descrita (despoblación europea/repoblación africana y asiática) corre el riesgo de combinarse en los años venideros con factores exteriores a Europa tanto demográficos como económicos o geopolíticos, estas razones determinando el origen socio-económico de estos flujos migratorios.
Los factores de amplificación del fenómeno ¿Por qué motivos, en efecto, la presión migratoria del Sur sobre la Unión Europea va a agravarse? Comparemos la evolución cuantitativa de las poblaciones de la orilla Norte y la orilla Sur del Mediterráneo. En la orilla Norte se encuentran España, Portugal, Francia, Grecia e Italia; en la orilla Sur, dando la vuelta al ”bulevar periférico mediterráneo”, Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Turquía, los 4/5 de la población de Chipre (los turco-chipriotas), Siria, Palestina, Líbano y Jordania. Israel se queda aparte pues constituye un país de acogida a una fuerte inmigración judía y apenas es país de partida de inmigrantes.
La orilla Norte (europea) cuenta actualmente con unos 180 millones de habitantes en tanto que la orilla Sur cuenta con 240 millones. En 2030, dentro de 25 años, la orilla Sur habrá perdido (si no tenemos en cuenta el flujo de inmigrantes no europeos que experimentará con certeza) 6 millones de habitantes, al tiempo que la orilla Sur sobrepasará los 300 millones de habitantes. Las demografías italiana y española experimentarán un retroceso particularmente terrible. Seremos testigos de una situación , en el mundo mediterráneo, en que la habrá dos veces más población en la orilla Sur que en la Norte.
Esta reserva demográfica con que cuenta la orilla mediterránea se caracteriza sobre todo por la mayor tasa de emigración del mundo. Mientras que la media mundial se sitúa en un 2% de la población (que emigra cada año), la tasa media de partida en el Mediterráneo es del 5% de la población, tasa superior a la zona asiática y del Caribe. Traduzcamos esto en términos cuantitativos: desde el principio de los años 60, cerca de 20 millones de nacionales de los países de la orilla Sur ha emigrado (no sólo hacia Europa, sino también hacia Norteamérica).
Sin embargo esta realidad demográfica de la orilla Sur debe combinarse con los riesgos geopolíticos que pesan en la región.
El primer riesgo principal es el de la evolución de los regímenes del mundo mediterráneo musulmán hacia el Islam político (el islamismo). La persistencia del conflicto palestino-israelí, la presencia americana en Iraq, la colaboración de sus gobiernos con los Estados Unidos percibida por una gran mayoría de los árabes tanto del Norte de Africa como de Oriente Medio como una alienación y una humillación, la ausencia de una auténtico socio-económico más allá de los signos evidentes de crecimiento, todo ello contribuye a hacer la cama al islamismo. ¿Cuál es, en estas condiciones, el grado de solidez de los regímenes de alguno de estos países? Segundo fenómeno a tener en cuenta : las consecuencias de la revolución económica mundial provocada por la emergencia de Asia y sobre todo por la de China. Sometidas a una presión creciente y para seguir siendo competitivos, las economías europeas corren el riesgo de conocer un deriva hacia la economía subterránea. Ya el 10% del PNB de España y el 30% del de Italia o Grecia son el resultado de la economía paralela. Cuanto más envejece Europa, cuanto más se enfrentan los estados de bienestar a los costes de la tercera edad y de la sanidad, cuanto más sufre la economía las consecuencias, más se sustrae ésta a la punción fiscal, deslocalizando o defraudando.
Y quien habla de economía sumergida está hablando de empleos clandestinos. Segmentos completos de las economías europeas corren el riesgo de recurrir a la mano de obra extranjera y clandestina o incluso legal en la medida en que el inmigrante es generalmente considerado como menos exigente en materia de condiciones laborables y niveles salariales : ¡ no tiene de todas formas
otra elección ¡ Existe una aspiradora de la inmigración legal e ilegal que es esencialmente económica, pues numerosos actores económicos estiman que la “globalización” les permite seguir siendo competitivos frente a la significativa capacidad de adaptación de los Estados Unidos y en especial frente al desafío chino y asiático en general.
Entre las distintas consecuencias de la globalización, se encuentra el agravamiento del peso de las mafias transnacionales, favorecidas por la libertad de flujos financieros y de todo tipo. Uno de los sectores más lucrativos para estas mafias transnacionales es precisamente el “mercado de la inmigración clandestina”. Cuanto más aumenta la demanda migratoria, más prosperan las mafias, más pueden desarrollar nuevas sucursales de inmigración ilegal y establecer la oferta.
Cuanto más aumenta la demanda migratoria, más prosperan las mafias, y cuanto más prosperan éstas, disponen de más medios para desarrollar nuevas sucursales de inmigración ilegal y de crear la oferta.
El análisis de los flujos migratorios muestra la importancia de las redes albanesas, yugoslavas, chinas, rusas…El tráfico de seres humanos se combina por otra parte con frecuencia con el tráfico de drogas, siendo con frecuencia los inmigrantes obligados a pagar su billete ejerciendo de traficantes e hipotecando así los posibilidades futuras de libertad y dignidad. En especial las mafias marroquíes obligan a muchos de sus candidatos a la emigración a comprarles hachís del Rif que deberán revender en España, Francia o Bélgica para sobrevivir durante los primeros meses de su llegada. En Marruecos, el tráfico de seres humanos, combinado con el tráfico de drogas, asciende a unos 10 mil millones de dólares al año.
Pero el análisis sobre la inmigración no debe limitarse a la constatación de un diferencial demográfico entre ambas orillas del Mediterráneo, a la presión asiática sobre las economías europeas que determinaría en numerosos agentes económicos un comportamiento favorable a la inmigración, o incluso el riesgo de deslizamiento de los países musulmanes hacia el Islamismo. Una cuestión con frecuencia ignorada es la de las perspectivas post-petrolíferas en el Golfo Pérsico.
Hoy en día el Golfo Pérsico, gracias a su economía basada en el gas y el petróleo, absorbe una importante proporción de emigración asiática, egipcia y turca, que habría podido dirigirse a Europa. Seis países del Golfo, cuya población árabe nativa es numéricamente poco importante, absorben más de 11 millones de inmigrantes: pakistaníes, hindúes, filipinos, turcos, egipcios.
Deben hacerse un par de observaciones sobre la evolución del perfil de esta inmigración en la zona “tapón” del Golfo situada entre Europa y Asia. Por una parte la proporción de árabes en relación a los asiáticos tiende a disminuir. En 1990, los egipcios constituían aún el 40% de la población activa en Irak y Kuwait. Hoy en día, más del 70 % de la mano de obra es asiática. Hay múltiples razones para esta evolución. Pero se debe insistir en que el miedo al islamismo en los países del Golfo que corre el riesgo de aumentar, mueve a estos países a favorecer la inmigración de mano de obra asiática no musulmana, al tiempo que el trabajador asiático tiene fama de ser mejor trabajador que el mediterráneo.
Pensemos en lo que ocurrirá en cuanto entremos en una nueva revolución energética mundial, cuando tanto debido al agotamiento de los recursos como al efecto invernadero en la atmósfera, la humanidad elija prescindir de los hidrocarburos. ¿Qué ocurrirá entonces? ¿Seguirá constituyendo el Golfo una zona tampón que se sitúa en el camino de la “marcha hacia el Oeste” de millones de emigrantes asiáticos? ¿No vendrán a aumentar las cifras de la emigración a Europa. En tanto que el mapa geopolítico de Europa está pacificado, el de Oriente
Medio no lo está. Nadie puede afirmar, por ejemplo, que las minorías kurdas, actualmente incorporadas en tal o cual estado-nación, lo estarán actualmente. El pueblo kurdo, sin estado y viviendo en el interior de fronteras estatales a veces frágiles, constituye una inmensa reserva de emigrantes. Ya actualmente 2,5 millones de kurdos viven en Alemania; 200.000 en Francia y 200.000 en Gran Bretaña y Países Bajos.
Europa, víctima ante todo de sí misma
Todos los elementos que hemos señalado apuntan a una extraordinaria fragilidad, una disminución terrorífica. Y en el fondo, esta debilidad de Europa frente al reto de la inmigración, es finalmente la principal amenaza que se cierne sobre ella.
Europa acepta el hecho consumado de la inmigración ilegal a través de las continuas regularizaciones. Cada año, en el territorio de la Unión de los Quince (la de antes de la ampliación), entraba alrededor de medio millón de ilegales. Cada año, el número de ilegales regularizados tras haber violado las leyes europeas, no deja de aumentar en todo el territorio de la Unión. : 220.000 regularizaciones en Francia en los últimos tres años; 50.000 en Bélgica; 720.000 en Grecia; 1,5 millones en Italia; 575.000 en España; 240.000 en Portugal.
Se olvida con frecuencia que la mecánica de reagrupación familiar hace que una sola regularización significa de golpe 3, 4 o 5 nuevos inmigrantes ilegales. 20.000 personas regularizadas pueden crear de golpe hasta 100.000 nuevos inmigrantes legales.
La Unión Europea ha entrado pues, de forma profunda, en un proceso que, a finales de este siglo habrá desembocado en la sustitución de su población de origen por poblaciones no europeas, africanas y asiáticas. ¿Europa seguirá siendo europea a finales del siglo XXI?
Pero lo que ocurre en nuestra civilización europea, heredera de Roma y de las catedrales de la Edad Media, es distinto de lo que ocurre en Norteamérica, en especial de los Estados Unidos. El último libro del catedrático americano Samuel Huntington muestra en efecto que si América tiende a perder su población predominantemente anglosajona, permanece sin embargo culturalmente cristiana. Más aún, las guerras en las cuales ha entrado contribuyen, más allá de las fracturas comunitarias, a refundir la nación americana en torno a una religiosidad común. Los Estados Unidos continúan pues, a partir de varios orígenes étnicos, fabricando americanos.
Por el contrario, hay poca esperanza de que la Unión Europea, a partir de poblaciones étnicamente extraeuropeas, no consigue fabricar europeos culturales. En primer lugar porque a diferencia de los Estados Unidos – que absorben una mayoría de cristianos y consigue incluso convertir una proporción significativa de los que no lo eran -, la inmensa mayoría de los inmigrantes hacia Europa no pertenece a la religión cristiana; en segundo lugar, porque la voluntad de “convertir” a esos inmigrantes, si no a la religión de los europeos, al menos a los valores de éstos, ha desaparecido.
No sólo la construcción europea tal y como se considera actualmente participa del debilitamiento de las identidades nacionales, pero no se propone ninguna identidad europea de sustitución. No sólo la construcción europea tal y como se considera actualmente participa del debilitamiento de las identidades nacionales, pero no se propone ninguna identidad europea de sustitución. En consecuencia, el
inmigrante extra-europeo es acogido por un conjunto económico progresivamente vaciado de sus contenidos identitarios y en el cual no hay ninguna posibilidad de asimilarse porque ya no existe nada a lo que asimilarse.
Cuanto más pasen los años, menos las escuelas europeas serán capaces de asimilar a los niños de origen extra-europeo. Observemos a este respecto las cifras de Francia y sobre todo las de los efectivos de los niños de inmigrantes de origen extra-europeo (menores de 15 años): ya constituyen el 13% de los niños en los colegios. En 2030, esta cifrada habrá aumentado a 25% pero en los grandes centros urbanos (París, Marsella, Estrasburgo..)
Esta proporción podrá ascender a un 50 e incluso a un 75%. Se comprende pues que la misma idea de asimilación ya no tiene sentido.
Las actuales pistas de reflexión estudiadas por la Comisión Europea nos parecen irrisorias ante el reto al que nuestra civilización se enfrenta. ¿Es aún tiempo de elaborar y aplicar remedios eficaces para el provenir? Lo ignoramos. Lo que sabemos, sin embargo, es que las actuales pistas de reflexión estudiadas por la Comisión Europea nos parecen irrisorias visto el reto al que nuestra civilización se enfrenta. ¿Se piensa seriamente que estudiando la organización del tiempo de trabajo de los asalariados, la igualdad entre hombres y mujeres en los centros de trabajo o una política llamada de “envejecimiento activo” Europa será capaz de solucionar su déficit de millones de nacimientos?...Esta visión que consiste en la confusión de las prioridades (y por tanto de las urgencias), en la confusión de lo esencial y lo accesorio, o más exactamente, de las ambiciones y de los medios, parece prometer bien poco para el porvenir.
Europa necesita un auténtico “Plan Marshall” de la natalidad, de la política familiar y de la disminución de la inmigración extra-europea, del cual ciertas medidas ya pueden avanzarse: política de inmigración selectiva; abolición de la reagrupación familiar en los países en los que existe; obligación de exigencia de un nivel cultural mínimo para los candidatos a inmigrantes; obligación real de conformidad a las costumbres y normas de vida de los países de acogida; política de fomento al retorno, disminuyendo sobre todo el acceso a las prestaciones sociales; políticas activas de ayuda al desarrollo de los países de emigración.
Añadamos, antes de concluir, que la debilidad culpable de los países europeos en materia de inmigración, aliada a un sentimiento de inseguridad económica en proceso de generalización, hace la cama a una “nueva xenofobia”, de una reacción de los “blancos humildes”. Se empieza a hablar – sobre todo en Francia – de un racismo anti-blanco: este reconocimiento, incluído el mediático, de un hecho ya antiguo corre el riesgo de ser el preludio, de no hacerse nada en contra, de una vigorosa reacción política, descontrolada y – como siempre, una vez que el mal ha sido percibido demasiado tarde – excesiva por parte de la opinión pública.
Nuestra conclusión es pues pesimista y radical: o bien la Unión Europea lanza en los próximos años una especia de “Plan Marshall” demográfico o bien la civilización europea, como civilización encarnada, habrá desaparecido a finales de este siglo.



